Nobel de Física 2026 para Francis Halzen por el observatorio IceCube

La Real Academia Sueca de Ciencias anunció el 6 de octubre en Estocolmo la concesión del Premio Nobel de Física 2026 a Francis Halzen, físico de la Universidad de Wisconsin–Madison, «por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y el descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico». Se trata de la primera vez desde 1992 que el galardón de física recae en un único laureado, y viene acompañado de una dotación de 12 millones de coronas suecas, alrededor de 1,2 millones de dólares.

Halzen, nacido en Bélgica, dedicó décadas a convencer a la comunidad científica de que el hielo glacial del Polo Sur podía convertirse en un telescopio capaz de capturar partículas llegadas de los confines del universo. «Fue una gran sorpresa y, obviamente, no lo esperaba», declaró durante la rueda de prensa del Nobel, a la que se conectó por teléfono desde Italia.

  • Un premio en solitario: Francis Halzen es el único galardonado con el Nobel de Física 2026, algo que no ocurría desde 1992, y recibe 12 millones de coronas suecas.
  • Un detector gigantesco bajo el hielo: IceCube instrumenta un kilómetro cúbico de hielo antártico con 5.160 sensores y una colaboración de unos 450 investigadores de 58 instituciones en 14 países.
  • Una nueva ventana al cosmos: el hallazgo de neutrinos astrofísicos de alta energía en 2013 permitió rastrear su origen hasta galaxias activas y fundó el campo de la astronomía de neutrinos.

De una idea audaz a un kilómetro cúbico de hielo

Halzen presentó por primera vez su visión de capturar neutrinos en el Polo Sur en 1988. La física era clara en teoría y endiabladamente difícil en la práctica: cuando un neutrino choca contra un núcleo atómico produce un destello de luz, y ese destello solo puede detectarse si el volumen de detector es lo bastante grande. Los primeros intentos tropezaron con un obstáculo inesperado: a poca profundidad, las burbujas atrapadas en el hielo dispersaban la luz. La solución fue perforar más abajo. A partir de aproximadamente un kilómetro y medio, el hielo se vuelve extraordinariamente transparente.

El precursor de esta tecnología fue AMANDA (Antarctic Muon and Neutrino Detector Array), que demostró que el concepto funcionaba. A partir de ahí llegó IceCube, un conjunto de 5.160 sensores distribuidos en un kilómetro cúbico, completado en 2010 con un coste de 271 millones de dólares financiados principalmente por la Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos. El detector se ha convertido en una infraestructura científica internacional en la que también participan agencias de Australia, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Alemania, Italia, Japón, Nueva Zelanda, Corea del Sur, Suecia, Suiza, Taiwán y el Reino Unido.

La noche en que el universo dejó de ser invisible

Los neutrinos son la segunda partícula más abundante del universo después de los fotones, pero apenas interactúan con la materia: más de mil millones atraviesan una mano humana cada segundo sin dejar rastro. Esa misma invisibilidad es su valor científico, ya que pueden escapar de entornos donde la luz y otras radiaciones quedan bloqueadas.

«Esto refleja a las personas realmente valientes que se unieron a este proyecto cuando ningún físico conservador respetable lo habría hecho. Pero muchos talentos lo hicieron, y por eso estoy aquí», afirmó Halzen.

Solo dos años después de entrar en funcionamiento, el detector ya había observado neutrinos energéticos procedentes de fuera de la Vía Láctea. En 2013, la colaboración IceCube anunció la detección de una población de neutrinos con energías imposibles de producir dentro del Sistema Solar, un hallazgo que consolidó la astronomía de neutrinos. Los tres primeros ejemplares, bautizados como Bert, Ernie y Big Bird, alcanzaban niveles de petaelectronvoltios, miles de veces más energéticos que los generados en los colisionadores más potentes de la Tierra. En 2017 llegó el hito definitivo: por primera vez se pudo rastrear un neutrino de alta energía hasta una fuente concreta, la galaxia TXS 0506+056. Después se sumaron evidencias de emisión desde NGC 1068 (Messier 77) y, en 2023, desde la propia Vía Láctea.

«Francis Halzen ha liderado un equipo internacional de investigadores e ingenieros que nos ha proporcionado un instrumento fantástico. Su tenacidad y su visión científica han abierto el camino hacia un nuevo tipo de astronomía», señaló Mark Pearce, presidente del Comité Nobel de Física.

El propio Halzen insiste en repartir el mérito: «Es un gran alivio para mí entregar por fin el reconocimiento que merece esta gran colaboración», ha declarado. La portavoz de la colaboración IceCube, Erin O’Sullivan, destacó que el investigador «sigue inspirándonos con el potencial del futuro del campo». El físico Paschal Coyle, de la Universidad de Aix-Marseille y antiguo portavoz de KM3NeT, lo describe como «una figura paterna para la astronomía de neutrinos».

El siguiente salto: IceCube Upgrade y Gen2

El programa no se detiene. Entre 2025 y 2026 se instaló el IceCube Upgrade, un conjunto de sensores adicionales destinado a reducir el umbral de energía y calibrar mejor el hielo, lo que mejorará la reconstrucción de la dirección de los neutrinos. Los primeros datos científicos de esta ampliación se esperan para finales de año.

En el horizonte está el propuesto IceCube-Gen2, que contempla un conjunto óptico con un volumen ocho veces mayor y la capacidad de medir neutrinos astrofísicos aún más energéticos mediante técnicas de detección por radio. En paralelo, el proyecto europeo KM3NeT construye una red de telescopios submarinos en el Mediterráneo, y el Fermilab estadounidense avanza en el experimento DUNE, con más de 200 instituciones implicadas.

El Nobel a Halzen no premia únicamente un instrumento, sino un cambio de paradigma: la constatación de que el universo puede observarse con partículas distintas de la luz. Con nuevas generaciones de detectores en el hielo, en el mar y bajo tierra, la astronomía de neutrinos entra en una fase en la que los primeros descubrimientos deberán convertirse en mediciones robustas, y en la que el origen de los rayos cósmicos más energéticos podría dejar de ser un misterio.

Fuentes y referencias