Las fuentes de lava, columnas de roca fundida que brotan del suelo a cientos de metros de altura, son uno de los espectáculos geológicos más llamativos del planeta y también uno de los peor explicados. En la mayoría de los casos, el vulcanismo asociado a puntos calientes es tranquilo: las coladas descienden por las laderas con la lentitud suficiente como para que la gente pueda apartarse. Sin embargo, en el monte Etna, en Islandia y en Hawái el magma se expulsa en fuentes dramáticas que pueden alcanzar varios cientos de metros de altura. La pregunta sobre qué impulsa esas columnas sigue abierta, pero el volcán Kīlauea acaba de proporcionar el registro más detallado del que se tiene constancia.
- Observación sin precedentes: los episodios recientes del Kīlauea han permitido documentar como nunca antes el comportamiento de las fuentes de lava.
- Instrumentación densa: el volcán cuenta con 35 estaciones independientes de toma de datos, entre sismógrafos, sensores de infrasonido, equipos geodésicos, medidores de gases y cámaras visuales y térmicas.
- Actividad reciente: más de 200 sismos superficiales bajo la cima en una semana y un temblor de magnitud 3,4 que provocó desprendimientos en la pared norte de la caldera.
- Sin pronóstico posible: los modelos ya no permiten anticipar cuándo —ni si— llegará el episodio 55 de fuentes de lava.
Un laboratorio natural llamado Kīlauea
Investigadores del Servicio Geológico de Estados Unidos han publicado en la revista Science una descripción de lo observado en las erupciones recientes del Kīlauea y lo han comparado con lo que cabría esperar según las mejores hipótesis sobre la energía que alimenta estas fuentes de roca fundida. El volcán es el más joven y activo de Hawái, y aun así solo ha registrado tres episodios de fuentes de lava desde 1823. Esa escasez convive con un conocimiento muy fino de su estructura interna: trabajos previos han identificado un par de acumulaciones de magma a pocos kilómetros de la superficie, lo que convierte al Kīlauea en un laboratorio privilegiado para estudiar el fenómeno.
Grietas, sismos y un episodio que se resiste
La actividad de las últimas semanas ilustra bien esa incertidumbre. El Servicio Geológico emitió un aviso de actividad volcánica tras detectar salpicaduras renovadas en dos respiraderos después de movimientos bajo la cima. Más de 200 sismos superficiales se registraron bajo el cráter en el plazo de una semana y un temblor de magnitud 3,4 el 30 de septiembre provocó pequeños desprendimientos de rocas en la pared norte de la caldera. El Kīlauea se mantuvo en código de aviación naranja, el segundo nivel más alto de una escala de cuatro. Los científicos creen que una intrusión de magma ocurrida entre el 30 de septiembre y el 1 de octubre abrió nuevas grietas en el fondo de la caldera, entre Uēkahuna y Wahinekapu, también conocido como Steaming Bluff.
Como consecuencia, el Servicio de Parques Nacionales cerró de forma temporal el sendero Halemaʻumaʻu y parte del sendero Byron Ledge, un total de 1,3 millas, ante el riesgo de nuevos derrumbes. El parque en sí permanece abierto y las restricciones afectan a rutas y zonas de observación concretas. Por primera vez en el ciclo eruptivo actual, los pronósticos se han quedado sin margen:
«Las ventanas de pronóstico para las fuentes del episodio 55 ya no pueden modelarse debido a cambios en las condiciones»
Así lo recoge el aviso del Servicio Geológico, que tampoco puede garantizar que ese episodio llegue a producirse.
Inflar, desinflar y volver a empezar
El pulso del volcán se lee en los inclinómetros. El instrumento UWD, situado cerca de Uēkahuna en el borde de la caldera, mide la inclinación del terreno en microrradianes: un microrradián equivale a inclinar un haz de un kilómetro de longitud un solo milímetro. El patrón dibuja un diente de sierra. La línea sube durante días o semanas mientras el magma llena el reservorio superficial; después cae en picado cuando arranca el episodio de fuentes, y la inflación se reanuda casi de inmediato al terminar.
El episodio 43 registró 33,9 microrradianes de deflación en unas nueve horas, y su fuente del respiradero sur alcanzó 1.770 pies, el récord de la erupción en curso. Tras el episodio 54, el 25 de agosto de 2026, la pausa se prolongó 43 días, la más larga desde diciembre de 2024, cuando comenzó el ciclo actual. A mediados de septiembre, seis respiraderos nuevos emitieron coladas sin llegar a formar fuentes, y en la noche del 30 de septiembre los inclinómetros registraron cambios rápidos que el observatorio interpretó como el relleno de una grieta este-oeste bajo el cráter Halemaʻumaʻu, acompañado de un enjambre de sismos superficiales.
El precio de mirar de cerca
El atractivo turístico del fenómeno tiene contrapartidas. El parque nacional de los Volcanes de Hawái registró más de 1,8 millones de visitas recreativas en 2025, y las autoridades insisten en que las emisiones de gases pueden ser peligrosas y en que los fragmentos vítreos arrastrados por el viento irritan la piel y los ojos.
«Los pequeños fragmentos volcánicos vítreos pueden removilizarse con el viento tras los episodios eruptivos recientes. Se recomienda a residentes y visitantes minimizar la exposición a estos fragmentos, que pueden causar irritación cutánea y ocular»
La historia reciente del volcán ayuda a dimensionar lo que está en juego. Desde 1952 ha entrado en erupción decenas de veces, y entre 1983 y 2018 mantuvo actividad casi continua a lo largo de su Zona de Rift Este, una racha de 35 años que terminó con una fase eruptiva significativa y el colapso de la cima. Desde diciembre de 2024 las erupciones se suceden de forma intermitente dentro del cráter Halemaʻumaʻu, con episodios que en muchos casos no duran más de un día.
Lo que está en juego ahora es algo más que una curiosidad geológica. Los datos de inclinación, sismicidad y gases han convertido al Kīlauea en el mejor sensor natural para entender por qué el magma, en algunos puntos del planeta, decide salir disparado hacia arriba en lugar de limitarse a fluir. Cada ciclo que se cierra sin el esperado episodio 55 añade información valiosa sobre los límites de los modelos actuales y sobre la rapidez con que pueden cambiar las condiciones en la cima. Para los científicos, esa irregularidad no es un fracaso de la predicción, sino la evidencia de que aún queda arquitectura interna por descifrar.
Fuentes y referencias
- Hawaiian Volcano Observatory
- Rumbling volcano forces immediate trail closures at popular vacation hot spot
- Kīlauea volcano activity prompts trail closures at popular Hawaii national park
- PELE — Hawai’i Volcanoes Observatory Dashboard
- Two national parks just announced safety closures. One faces a growing hurricane threat