Abric Romaní: 597 herramientas de madera neandertal fosilizadas en piedra

El abrigo rocoso de Abric Romaní, en Capellades, al oeste de Barcelona, se ha convertido en la ventana más nítida que existe al universo de la madera neandertal. Un equipo de arqueólogos españoles ha catalogado 597 restos de madera procedentes de áreas de ocupación neandertal datadas entre 62.000 y 40.000 años, según un estudio publicado en Science Advances. La clave de este archivo excepcional es geológica: el agua rica en minerales que recorría el abrigo recubrió los objetos con una costra similar a la caliza y, cuando la madera se pudrió, dejó detrás moldes huecos que reproducen fielmente su forma original.

  • Casi 600 piezas documentadas: el conjunto reúne lanzas, bastones de excavación, bandejas y posibles recipientes de corteza, elementos de estructura y un objeto sin paralelos interpretado como una maza.
  • Conservación por mineralización: los moldes de carbonato permitieron recuperar la silueta de herramientas de madera que, en condiciones normales, se habrían desintegrado sin dejar rastro alguno.
  • Una tecnología mucho más amplia: la madera se empleó como combustible, arma, herramienta, objeto doméstico y material para construir o acondicionar el espacio habitado.

Cuatro décadas de excavaciones en Capellades

La investigación ha sido liderada por el IPHES-CERCA y coordinada por la doctora Palmira Saladié (IPHES-CERCA / URV), con la participación de un amplio equipo de investigadores de instituciones catalanas e internacionales. El trabajo sintetiza más de cuarenta años de excavaciones continuadas en el yacimiento, iniciadas en 1983 y dirigidas en la actualidad por los doctores Palmira Saladié, M. Gema Chacón y Josep Vallverdú. El proyecto cuenta con el apoyo del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya, el Ajuntament de Capellades y la empresa Romanyà-Valls, además de financiación estatal y europea.

El sesgo histórico que corrige este hallazgo es evidente: durante décadas, la tecnología neandertal se ha reconstruido casi exclusivamente a partir de la piedra, porque el material lítico aguanta cientos de miles de años mientras que un palo enterrado se descompone con rapidez. La singularidad de Abric Romaní radica en sus condiciones de preservación, que permiten seguir la presencia de madera a lo largo de miles de años y de ocupaciones sucesivas del mismo espacio, y reconstruir así cómo se distribuían las tareas, se gestionaban los recursos y se organizaba el entorno.

De lanzas de 2,45 metros a un posible mazo

Los artefactos de madera más antiguos que se conocen son, en su mayoría, armas conservadas en sedimentos saturados de agua, donde la falta de oxígeno frenó la descomposición: las lanzas de Schöningen (Alemania), una punta de lanza de Clacton-on-Sea (Inglaterra) y la lanza hallada junto a un esqueleto de elefante en Lehringen (Alemania).

En Capellades el repertorio es bastante más amplio y menos marcial. Los investigadores han identificado dos lanzas de madera de hasta 2,45 metros, bastones de excavación, posibles contenedores de corteza, estructuras formadas por palos cruzados y una pieza de 5,10 metros que podría haberse empleado para acondicionar el espacio de habitación. A ello se suma un objeto excepcional, sin paralelos conocidos hasta ahora, interpretado como una posible maza.

Lo que la madera cuenta sobre la organización neandertal

El análisis conjunto de los casi 600 restos indica un uso recurrente y diversificado de este material: como combustible, para fabricar armas y herramientas, para elaborar objetos domésticos y, probablemente, para construir o acondicionar los espacios de vida. Esa variedad desplaza la imagen de una especie limitada a la caza y sugiere una planificación técnica mucho más sofisticada, en la que la madera funcionaba como complemento indispensable del utillaje lítico.

«La madera nos permite recuperar una parte fundamental del mundo neandertal que normalmente es invisible», concluye el doctor Josep Vallverdú (IPHES-CERCA / URV).

El estudio consolida a Abric Romaní como referencia mundial para estudiar el trabajo de la madera en el Paleolítico y refuerza una idea que la arqueología viene construyendo desde hace años: los neandertales manejaban un repertorio técnico mucho más rico de lo que sugiere el registro lítico, y la madera —ese material que casi nunca sobrevive— ocupaba un lugar central en él. La metodología aplicada a los moldes minerales abre además la puerta a revisar otros yacimientos con condiciones de conservación similares, donde quizá esperen todavía siluetas invisibles de herramientas desaparecidas.

Fuentes y referencias