EE. UU. acusa a Rusia de ‘comportamiento amenazante’ orbital con Kosmos 2612

Un satélite militar ruso se acercó durante días a un satélite comercial hasta quedar a pocos cientos de metros de distancia, en una maniobra que Washington describió como propia de una operación de armas en órbita. El episodio, ocurrido a unos 550 kilómetros de altitud, derivó en un cruce de acusaciones ante la Primera Comisión de la Asamblea General de la ONU y puso sobre la mesa la fragilidad de las constelaciones privadas que proveen inteligencia a Ucrania.

  • El protagonista: Kosmos 2612, un satélite militar ruso que no ha anunciado misión ni especificaciones, ejecutó maniobras deliberadas alrededor de ICEYE-X36, un aparato registrado en Estados Unidos y operado por la finlandesa ICEYE.
  • Distancias en disputa: las estimaciones del acercamiento máximo varían entre los 500 metros de un informe de LeoLabs, los 200 metros de algunos observadores y los poco más de 30 metros (100 pies) citados por medios estadounidenses.
  • Lectura política: un funcionario de EE. UU. afirmó que el comportamiento es consistente con una operación de armas en órbita, mientras Rusia calificó las acusaciones de absurdas y denunció ambiciones militares estadounidenses en el espacio.

Cronología de un acecho orbital

Entre el 15 y el 19 de octubre, y con un pico el día 18, Kosmos 2612 ejecutó maniobras costosas en combustible para cerrar la distancia con ICEYE-X36. En lugar de un sobrevuelo convencional, el aparato ruso igualó el movimiento del satélite finlandés, lo siguió y lo orbitó, según el análisis de la firma de inteligencia aeroespacial LeoLabs. La compañía describió el evento como un encuentro «rojo» contra «azul» y como una operación de encuentro y proximidad planificada, que exige navegación de precisión y sensores a bordo.

«No se trató de una conjunción rutinaria ni de un simple sobrevuelo. El comportamiento es consistente con operaciones sofisticadas de encuentro y proximidad».

La empresa suiza s2a systems registró el 18 de octubre, con óptica de 14 pulgadas, la pareja de objetos separada ya por 4,9 kilómetros. El analista satelital Jonathan McDowell, recientemente jubilado de Harvard, sostuvo que, según su conocimiento, se trata del primer encuentro en órbita baja entre dos satélites activos. Días después, el experto Marco Langbroek, de la Universidad Tecnológica de Delft, advirtió que los aparatos seguían a 480 kilómetros de distancia pero que el ruso continuaba maniobrando, lo que «podría sugerir que aún no ha terminado con ICEYE-X36».

El pulso diplomático en la ONU

ICEYE-X36 emplea radar de apertura sintética, una tecnología capaz de generar imágenes detalladas del terreno incluso con cobertura nubosa. La empresa firmó en enero un contrato con el Ministerio de Defensa ucraniano para el suministro de inteligencia, lo que convierte al aparato en un objetivo sensible. Brian Hardesty, asesor de la delegación estadounidense ante la Conferencia de Desarme, afirmó ante la Primera Comisión que el satélite ruso «exhibió un comportamiento amenazante al maniobrar intencionalmente de forma peligrosa cerca de un satélite comercial» y que esas conductas «parecen consistentes con una operación de armas en órbita». Añadió que la decisión de ejecutar esas actividades fue «deliberadamente temeraria».

En paralelo, el subsecretario de Estado para Control de Armas y Seguridad Internacional, Thomas G. DiNanno, publicó en X que Moscú violó umbrales de seguridad vigentes desde hace décadas en la órbita baja. Su mensaje fue explícito:

«Estados Unidos seguirá asegurando y defendiendo sus intereses vitales de seguridad nacional en, desde y hacia el espacio».

Del otro lado, Konstantin Vorontsov, jefe adjunto de la delegación rusa ante la ONU, aseguró que no hay motivo de preocupación. Cuatro años antes, el mismo diplomático había señalado a las redes de satélites comerciales que asisten a Ucrania como blancos legítimos. Un representante ruso en el foro, que no fue identificado de inmediato, evitó responder a la acusación y llamó a los Estados miembros a dar «la respuesta adecuada a las ambiciones militares agresivas de Estados Unidos».

Armas en órbita y satélites sin escolta

El contexto no es menor: el 14 de septiembre, el secretario de la Fuerza Aérea de EE. UU., Troy Meink, confirmó en la conferencia Air, Space & Cyber de la AFA que el servicio dispone de «armas de control espacial en órbita capaces de defender a la fuerza conjunta frente a acciones hostiles». Mallory Stewart, exalta responsable de control de armas del Departamento de Estado, matizó que Washington no militarizó el espacio de la noche a la mañana: «Una carrera armamentista en el espacio lleva años en marcha».

ICEYE declinó detallar el incidente y se limitó a señalar que su arquitectura de constelación está diseñada para la continuidad y la resiliencia. En un evento del CSIS, Greg Gillinger, de Integrity ISR, admitió desconocer el objetivo final ruso, mientras Clayton Swope calificó el episodio de no «benigno» y pronosticó que no es cuestión de si volveremos a ver conductas hostiles, sino de cuándo. La coronel retirada Jennifer Reeves apuntó que el momento elegido podría ser una señal disuasoria contra el apoyo comercial a Kiev, o incluso un farol. En 2020, otro satélite ruso, Cosmos 2543, liberó un objeto de alta velocidad similar a un arma antisatélite.

La respuesta tecnológica ya está en marcha: la oficina de capacidades rápidas de la Fuerza Espacial estadounidense inició en 2025 un programa de sensores de alerta de amenazas, y Alemania, India, Francia y Japón financian satélites «guardaespaldas». El incidente de Kosmos 2612 marca un umbral incómodo: la guerra orbital dejó de ser hipótesis de manual y se practica junto a activos privados que sostienen una contienda terrestre. La pregunta ya no es si el derecho espacial puede ordenar ese tráfico, sino si las constelaciones comerciales tendrán defensa antes del próximo encuentro.

Fuentes y referencias