La idea de que SpaceX y Tesla dejen de ser dos compañías cotizadas por separado para convertirse en una sola ha dejado de ser una especulación de foro y se ha instalado en la agenda corporativa. Elon Musk, máximo responsable de ambas firmas, aseguró durante la conferencia de resultados del tercer trimestre de SpaceX que la operación le parece una buena idea, aunque se apresuró a aclarar que la decisión final no le corresponde a él, sino al respaldo de los accionistas.
- Comités exploratorios: Tesla y SpaceX han constituido comités especiales de consejeros independientes para analizar una eventual fusión, órganos en los que Musk no puede participar.
- Un listón accionarial alto: en el lado de Tesla, la operación exigiría el voto favorable del 50% de todas las acciones emitidas, no solo de las presentes en la junta.
- Un año de consolidación: SpaceX absorbió xAI en febrero y salió a bolsa en junio con la mayor oferta pública inicial registrada hasta la fecha.
- Reacción del mercado: tras las declaraciones, SpaceX avanzó alrededor de un 6,6% y Tesla un 1,6% en las operaciones posteriores al cierre.
Comités independientes y una mayoría difícil de alcanzar
El detalle más concreto sobre el estado de la operación llegó en la misma llamada: ambas compañías han creado comités especiales de consejeros independientes para discutir una posible integración. Musk, que dirige las dos empresas y posee paquetes accionariales millonarios en cada una, queda fuera de esos grupos por conflicto de interés.
Sobre la pregunta directa de si la fusión tiene sentido, el directivo no dudó:
«¿Creo que sería una buena idea? Sí. Pero, al final del día, los accionistas tienen que respaldarlo, y particularmente en el lado de Tesla necesitaremos el voto del 50% de todas las acciones, no solo de quienes votan, sino de todos los accionistas».
Ese requisito estatutario convierte la operación en una empresa considerablemente más difícil que una simple aprobación por mayoría simple en junta. El propio Musk describió ese umbral como un obstáculo «bastante alto», y añadió una advertencia frente al optimismo excesivo: «No creo que debamos asumir necesariamente que una fusión entre SpaceX y Tesla sea una certeza. Eso sería exagerarlo».
Sinergias que ya existen: de la IA a los propulsores de gas frío
El argumento a favor de la integración no es puramente financiero. Musk sostiene que las dos compañías ya operan como un engranaje único en múltiples frentes: software de inteligencia artificial, diseño de chips, los esfuerzos de fabricación de TeraFab, robótica, la conectividad de Starlink y la capacidad de SpaceX para poner cargas útiles en órbita. En la misma línea se expresó la presidenta de SpaceX, Gwynne Shotwell.
«Creo que hay mucho mérito en combinar las compañías, ya que estamos prácticamente en la singularidad de la superinteligencia».
El ejemplo más visible de esa colaboración se vio apenas unos días antes: Tesla presentó por fin su esperado Roadster, cuya versión más potente incorpora tecnología de SpaceX, incluidos propulsores de gas frío. Durante la demostración, el deportivo se elevó, se mantuvo suspendido y giró en el aire.
El contexto temporal también pesa. La compañía aeroespacial adquirió la firma de inteligencia artificial xAI en febrero —después de que esta absorbiera a la red social X en 2025— y completó su debut bursátil en junio. Musk mantiene además participaciones en negocios como Neuralink y The Boring Company, que operan de forma independiente pero han colaborado dentro del ecosistema que el mercado bautizó como «Musk Inc.». Los inversores llevan especulando con la fusión desde la salida a bolsa, y la próxima publicación de resultados de Tesla, prevista para el miércoles, volverá a poner el tema bajo el foco.
Qué se juega el ecosistema Musk
Una fusión convertiría dos historias de inversión distintas —el negocio de vehículos y energía frente al lanzador y la constelación de satélites— en un único vehículo cotizado, con una capitalización combinada difícil de comparar y una gobernanza que tendría que resolver la doble condición de Musk como arquitecto y accionista mayoritario. Los comités independientes son, precisamente, el mecanismo diseñado para que esa tensión no contamine el proceso.
Nada indica que la operación sea inminente: no hay plazos, no hay términos y el propio interesado insiste en que la certeza es baja. Pero el hecho de que existan comités formalizados, de que la dirección hable abiertamente de «mérito» estratégico y de que el mercado premie la noticia con subidas inmediatas sugiere que la integración ha pasado de rumor a escenario con estructura corporativa. La clave estará en si Tesla logra reunir ese 50% del capital total, un umbral que, por diseño, obliga a convencer incluso a quien nunca acude a las juntas.