Meta retira la palabra «entrenar» de sus términos comerciales tras la ola de críticas

Meta ha eliminado la palabra «entrenar» (train) de su nuevo contrato de términos de servicio comerciales, que entra en vigor el próximo 30 de octubre, después de que editores, abogados y asociaciones sectoriales denunciaran que la redacción original abría la puerta a un rastreo masivo de sus webs para alimentar modelos de inteligencia artificial sin compensación. La compañía sostiene que se trata de una simple aclaración y no de una rectificación, pero no avisó a los usuarios de la modificación del texto.

  • El cambio clave: la mención al entrenamiento desaparece de la cláusula de rastreo, que ahora se limita a «productos publicitarios y de negocio».
  • Lo que no cambia: Meta conserva intacta la lista de herramientas automatizadas y de acciones permitidas sobre los dominios vinculados a cuentas de empresa.
  • Reacciones: asociaciones de editores de EE. UU., Reino Unido y Europa califican los términos de «indignantes», «probablemente ilegales» y un «intento descarado de apropiación».
  • El detalle incómodo: el archivo robots.txt sigue sin ser jurídicamente vinculante, por lo que las preferencias de los editores dependen de la buena voluntad de la plataforma.

Qué decía la cláusula y qué se ha eliminado

El borrador difundido la semana pasada autorizaba a Meta —o a cualquier entidad que actúe en su nombre— a emplear «software automatizado, como rastreadores web, bots, robots, arañas, crawlers y agentes de usuario», además de crear credenciales de prueba, para «acceder, indexar, cachear, analizar, recopilar, recuperar o rastrear los dominios, páginas web o URL (y cualquier contenido disponible a través de ellos)» asociados a los productos o servicios del cliente. La finalidad enumerada incluía proveer, desarrollar, mejorar, investigar, mantener la integridad y, sobre todo, entrenar los productos de Meta.

Tras la polémica, la compañía publicó una revisión en la que suprime esa última palabra y acota los propósitos a «proveer, desarrollar, mejorar, investigar y mantener productos publicitarios y de negocio». El resto del articulado permanece prácticamente igual: las mismas herramientas, las mismas acciones y la misma capacidad de extraer actualizaciones periódicas de las webs afectadas.

«Las condiciones de rastreo que consolidamos solo se aplican a nuestros productos publicitarios y de negocio, y ahora lo hemos aclarado en los propios términos. No cambia cómo Meta usa los rastreadores web, ni cambia cómo los propietarios de contenido pueden usar robots.txt para señalar sus preferencias», afirmó el portavoz de Meta Andy Stone.

La advertencia de los expertos: robots.txt no es un contrato

El argumento de la compañía no responde a la objeción de fondo. Según los analistas jurídicos consultados por la prensa especializada, el archivo robots.txt no tiene carácter vinculante y las empresas de IA lo ignoran con regularidad. El profesor de Derecho de Cornell James Grimmelmann fue uno de los primeros en cuestionar si los nuevos términos podían imponerse a esas señales de exclusión. La respuesta de Meta llegó después del primer reporte, pero no del seguimiento posterior que reiteraba esas preocupaciones.

El contexto tampoco ayuda. Meta dejó de pagar por contenido informativo en 2022 y cerró su pestaña de noticias en 2024; más recientemente ha firmado acuerdos puntuales con medios para surtir a su chatbot. La cronología del caso quedó fijada en apenas dos días: la controversia estalló el 15 de octubre y la corrección del texto se produjo el 17.

Editores en pie de guerra y un giro de responsabilidad

Las reacciones no se han hecho esperar. Danielle Coffey, consejera delegada de News/Media Alliance, calificó las condiciones de «indignantes y probablemente ilegales». Theo Bamber, máximo responsable de la News Media Association británica, las describió como «un intento descarado de apropiación» y reclamó la intervención del Gobierno. Dominic Ponsford, editor de Press Gazette, fue más lejos: «Meta ha declarado la guerra a los editores y a la web abierta en el abuso más flagrante de su posición de monopolio hasta la fecha».

«Mantener una cuenta de empresa o que un lector comparta un enlace nunca debería tratarse como una licencia global para explotar el contenido de un editor», sostuvo Angela Mills, directora ejecutiva del Consejo Europeo de Editores, que anunció su intención de trasladar el asunto a la Comisión Europea.

A la disputa por el rastreo se suma otro frente: la letra pequeña traslada al cliente la responsabilidad legal por los errores de las funciones de IA. El texto advierte que estas «pueden cometer errores» y que el usuario «asume todos los riesgos» derivados. Para Frank Dickson, analista principal de Dickson Research, la cláusula «pone la accountability patas arriba»: Meta construye la IA, admite que puede fallar y descarga el riesgo sobre el negocio.

La retirada de una sola palabra difícilmente cerrará el expediente. El episodio deja dos lecciones para el sector: los contratos de plataforma se han convertido en el nuevo campo de batalla de los derechos sobre el contenido, y las empresas que dependen de cuentas comerciales en Facebook o Instagram no tienen margen real para rechazar los cambios sin perder acceso a su audiencia. Con el 30 de octubre a la vista y los reguladores europeos en la ecuación, es probable que esta revisión sea solo el primer ajuste de un pulso que afecta a la base económica del periodismo digital.

Fuentes y referencias