Amazon es, con diferencia, la organización que más robots opera en el mundo, y su flota mecánica no deja de crecer. La compañía ya cuenta con más de un millón de robots trabajando sin interrupción en sus almacenes para hacer posibles decenas de millones de entregas en el día o en 24 horas, y prepara nuevas fábricas destinadas a producir máquinas cada vez más capaces. Al mismo tiempo, sigue siendo el segundo mayor empleador corporativo del planeta, con más de 1,5 millones de trabajadores a tiempo completo y parcial. Esa doble condición —mayor operador de robots del mundo y gigante del empleo humano— define el debate sobre el futuro del trabajo.
- Flota sin precedentes: más de un millón de robots operan a diario en los almacenes de Amazon, que prevé ampliar de forma significativa ese parque con nuevas fábricas de robots más capaces.
- Empleo humano intacto: pese a la automatización, la empresa mantiene más de 1,5 millones de trabajadores, según su informe anual de 2025.
- Más brazos robóticos: la compañía espera más que duplicar en 2026 su flota de brazos robóticos como Cardinal y Sparrow, con el objetivo de reducir el número de manipulaciones por paquete.
De operar robots a fabricarlos
La escala de Amazon no tiene comparación en el sector logístico. Su flota supera el millón de unidades y funciona de forma continua, a todas horas, para que la maquinaria de las entregas ultrarrápidas no se detenga. El siguiente paso es la producción propia: la empresa está levantando nuevas factorías con el objetivo de fabricar trabajadores mecánicos cada vez más sofisticados, lo que anticipa una aceleración de la automatización en los próximos años.
La dirección de la compañía sostiene que ese crecimiento alivia la carga de su plantilla humana, porque los robots asumen las tareas más duras de los centros de distribución, aquellas con mayor riesgo de fatiga física y de lesiones. Sin embargo, grupos de defensa de los trabajadores e investigadores independientes señalan que la automatización impulsada por inteligencia artificial no es positiva en todos los aspectos para quienes comparten jornada con las máquinas. La apuesta tampoco es nueva: Amazon ya ensayó robots autónomos de reparto en aceras con su programa Scout, desplegado desde 2019 en distintas ciudades estadounidenses y acompañado inicialmente por un supervisor humano.
La automatización que trabaja codo con codo
El punto de inflexión, según los expertos, no es la sustitución de personas por robots, sino la convivencia física con ellos dentro del mismo espacio de trabajo. Brian Greenwood, profesor de negocios de la Universidad George Mason, lo resume con precisión:
«Durante los últimos 100 años, la mayor parte de la automatización que hemos visto suele ocurrir lejos de los trabajadores: se retira esa tarea de alto riesgo al operario y se hace de un modo que no es físicamente próximo. El auge de los robots colaborativos cambia esa dinámica por dos razones: una, que es físicamente próximo, y dos, que el robot tiene la capacidad de dictar el ritmo de trabajo».
Ese matiz —quién marca la cadencia de la jornada— es el centro del debate. Ya no se trata solo de qué tareas desaparecen, sino de cómo se reorganiza el trabajo de quienes permanecen en la planta junto a una máquina capaz de imponer su propio compás.
Brazos robóticos, AWS y el coste del ajuste
La automatización avanza en paralelo a una profunda reasignación de recursos en la compañía. Su división de nube, AWS, facturó 42.230 millones de dólares, un 37% más, su ritmo de crecimiento más rápido en 18 trimestres, con una cartera de pedidos pendientes de 496.000 millones de dólares. El gasto de capital del trimestre alcanzó los 54.200 millones de dólares y la firma registró 1.800 millones en indemnizaciones por eliminación de puestos.
«Nuestros negocios de IA y de chips superaron cada uno tasas de actividad anualizada de más de 25.000 millones de dólares», afirmó el consejero delegado Andy Jassy.
El mismo patrón se observa en otras tecnológicas: Meta recortó alrededor de 8.000 empleos mientras eleva su inversión en inteligencia artificial, y su fundador, Mark Zuckerberg, defendió un «margen significativamente mayor al vender inteligencia en lugar de vender cómputo directamente». En el caso de Amazon, sus acciones acumulan una subida del 13,69% en lo que va de año, frente al 9,14% de Meta. La compañía espera además duplicar su capacidad energética al cierre de 2027 respecto a los niveles de 2025, y Jassy asegura que buena parte de esa capacidad ya está «en gran medida reservada».
El resultado es una estrategia de doble filo: Amazon recorta sus propios costes con robots y, a la vez, vende esas mismas herramientas a otros empleadores, desde agentes de código hasta asistentes de oficina utilizados por grandes industrias. La automatización ha dejado de ser un experimento para convertirse en una línea más del presupuesto, y el verdadero examen llegará cuando los ahorros de esos recortes tengan que aparecer en los márgenes. Si no lo hacen, el relato del robot que alivia al trabajador tendrá dificultades para sostenerse.