Pennsylvania suma su sexta muerte por sarampión: mujer no vacunada de 39 años

Una mujer de 39 años que no estaba vacunada contra el sarampión ha fallecido en el condado de Franklin, en Pennsylvania, convirtiéndose en la sexta persona que muere por el virus en el marco del brote estatal que ya supera el millar de contagios desde que se declaró en abril. La paciente murió el sábado 10 de octubre y presentaba varias condiciones de salud previas, entre ellas un diagnóstico de sarampión que había recibido tratamiento, según el anuncio difundido por el forense del condado, Jordan Conner.

  • La víctima: mujer de 39 años, no vacunada, fallecida el 10 de octubre en el condado de Franklin; la causa principal se registró como un probable evento cardiaco agudo derivado de posibles complicaciones del sarampión.
  • La dimensión del brote: Pennsylvania acumula 1.136 casos confirmados y 219 hospitalizaciones, con dos tercios de los contagios en adultos; se trata del mayor brote del país en décadas.
  • La brecha de datos: el estado reconoce seis muertes asociadas al sarampión, mientras el CDC solo contabiliza dos a nivel nacional, lo que alimenta las dudas sobre el subregistro de casos.

El caso de Franklin County y la definición oficial

El forense del condado precisó que la mujer tenía antecedentes médicos múltiples, aunque su oficina no detalló cuáles. En un correo enviado a medios locales, Conner explicó que la causa primaria del fallecimiento fue «un probable evento cardiaco agudo debido a posibles complicaciones del sarampión». Las complicaciones cardiacas asociadas al sarampión pueden producirse, pero son poco frecuentes. Conner confirmó además que la paciente no estaba vacunada.

La oficina del forense subrayó que se trata de la primera muerte registrada en Franklin County en muchos años correspondiente a un paciente con un diagnóstico reciente de sarampión, y que el caso cumple la definición establecida por el Departamento de Salud de Pennsylvania para una muerte asociada al sarampión. Ese estándar exige que el fallecimiento ocurra dentro de los 30 días posteriores al inicio de los síntomas, que exista evidencia clínica de infección de sarampión, una prueba de laboratorio positiva y que no haya una causa de muerte ajena al virus, como un accidente de tráfico.

El condado de Franklin, situado en el centro-sur del estado y limítrofe con Maryland, apenas ha registrado siete casos este año, muy lejos de las comunidades golpeadas con mayor dureza por un brote que se ha extendido por más de la mitad del territorio estatal. El departamento de salud estatal indicó que revisará en profundidad la muerte reportada y actualizará la información pública cuando concluya su investigación.

Un brote mucho mayor de lo que reflejan las cifras

Pennsylvania ha confirmado 1.136 casos de sarampión en lo que va de año, 157 de ellos notificados en los últimos siete días, con 219 personas hospitalizadas, lo que equivale a una tasa de hospitalización cercana al 19%. Dos tercios de los diagnósticos corresponden a adultos, una proporción muy superior al 40% que muestra el conjunto del país. A escala nacional, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) reportan 4.080 casos, la cifra más alta desde 1991, y Pennsylvania concentra más de una cuarta parte de las infecciones.

Históricamente, las infecciones de sarampión provocan entre una y dos muertes por cada 1.000 casos, un cálculo que, según algunos especialistas, queda corto frente al ritmo de fallecimientos observado en el estado. El doctor Paul Offit, pediatra y director del Centro de Educación sobre Vacunas del Hospital Infantil de Filadelfia, sostiene que el recuento oficial se queda muy por debajo de la realidad.

«Creo que probablemente estamos más cerca de los 6.000 casos. Están subestimando enormemente el número de casos. Es mucho peor».

A los dos bebés fallecidos en Lancaster County se suman un joven de 18 años en Mifflin County, que murió por una encefalomielitis diseminada, una complicación neurológica grave y poco común; una mujer de 40 años en Jefferson County con asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica; y una mujer de 20 años con leucemia que falleció el 25 de septiembre en Dauphin County, donde estaba hospitalizada. Todas las personas fallecidas estaban sin vacunar. El estado ha sido además escenario de un desacuerdo abierto con las autoridades sanitarias federales sobre cómo contabilizar estas muertes: el CDC solo computa un deceso cuando el Centro Nacional de Estadísticas de Salud incluye el sarampión como causa subyacente, un registro que puede tardar semanas, y trabaja junto al Consejo de Epidemiólogos Estatales y Territoriales en una definición estandarizada.

Vacunación: el dato que marca la diferencia

Menos del 1% de los casos registrados en Pennsylvania corresponden a personas con la pauta completa de vacunación. La vacuna triple vírica, que protege contra sarampión, paperas y rubéola, se administra habitualmente en torno al primer año de vida y después cerca de los cinco años; dos dosis ofrecen una protección del 97%, en general de por vida. Durante los brotes, los bebés de hasta seis meses pueden recibir una dosis anticipada. La respuesta ciudadana no se ha hecho esperar: los centros sanitarios estatales han administrado más de 5.500 dosis de la triple vírica desde abril en las comunidades afectadas, y el personal de enfermería ha aplicado más de 8.500 dosis en clínicas temporales repartidas por todo el estado.

La sexta muerte en menos de dos meses coloca a Pennsylvania en el epicentro de la peor crisis de sarampión que vive Estados Unidos en tres décadas y reabre un debate incómodo: la distancia entre lo que los forenses locales certifican y lo que las agencias federales reflejan en sus paneles públicos. Con 4.080 casos nacionales y una definición de muerte asociada todavía en discusión, la magnitud real del brote probablemente no se conocerá hasta que los registros de salud estatales y federales converjan. Mientras tanto, la brecha entre las seis muertes reconocidas por el estado y las dos que contabiliza el CDC seguirá siendo el indicador más elocuente de un sistema de vigilancia epidemiológica que llega tarde a la crisis.

Fuentes y referencias