Musk, y no Trump, ordenó el freno de Starshield que dejó a Ucrania sin drones

Una decisión tomada en el seno de una empresa privada sacudió esta semana el frente de batalla ucraniano y abrió una crisis diplomática silenciosa en Washington. Según un informe periodístico basado en funcionarios estadounidenses y personas familiarizadas con el asunto, el consejero delegado de SpaceX, Elon Musk, fue quien ordenó limitar la velocidad de la versión militar de Starlink de la que depende Ucrania para operar sus drones, y no el presidente Donald Trump, como sostiene la versión oficial de la Casa Blanca.

  • Quién decidió: el informe atribuye la orden directamente a Musk, aunque reconoce que el empresario habló con altos cargos del gobierno y con el propio Trump antes de aplicar el tope de velocidad.
  • Qué provocó: la limitación dejó prácticamente inutilizables algunos drones ofensivos y drones interceptores ucranianos durante buena parte de la semana pasada.
  • Cómo responde Washington: Trump negó cualquier intervención, el secretario de Estado, Marco Rubio, calificó de «escandalosa» la acusación de un fallo de inteligencia y un funcionario apuntó a un «improvisación del Pentágono».

Un tope de velocidad que apagó los drones

El núcleo técnico del incidente es notablemente simple: un límite de velocidad impuesto sobre las terminales que Ucrania utiliza para conectarse a la red satelital. De acuerdo con la versión publicada, Musk fijó ese tope el 14 de octubre y, bajo esas condiciones, los objetos que volaran a más de 160 km/h —el equivalente a 100 millas por hora— no podían mantener la conexión con Starshield, la variante de grado militar del servicio.

El resultado fue que los drones de ataque y los interceptores que Ucrania emplea para derribar los aparatos rusos perdieron el enlace con su red de mando. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, describió el efecto en términos muy concretos:

«Starlink no se apagó: se redujo su velocidad. Y cuando se redujo la velocidad, no pudimos interceptar un cierto número de “shaheds” propulsados por turborreactor. No pudimos usar una herramienta que ayuda a proteger a la gente. Eso es muy doloroso y muy frustrante».

Zelenski insistió además en que la instrucción no nació dentro de SpaceX: «El mensaje vino del gobierno. No sé de cuál, de qué gabinete… Fue un mensaje del gobierno estadounidense para limitar la velocidad. Y técnicamente, SpaceX lo hizo».

Versiones cruzadas entre la Casa Blanca y el Pentágono

La reconstrucción de los hechos dista de ser unívoca. Algunos funcionarios citados sostienen que Musk actuó por su cuenta y que Trump no ordenó ninguna represalia específica contra Ucrania. Otras fuentes aseguran, en cambio, que el empresario consultó con varios altos cargos de la administración, incluido el presidente, antes de imponer el límite, y que ambos mantuvieron una conversación telefónica poco después de que la medida trascendiera.

Trump ha negado cualquier responsabilidad en dos intervenciones distintas. Primero afirmó: «No hice eso. No, no hicimos eso en absoluto. De hecho, ni siquiera creo que se haya ralentizado». Más tarde añadió que no sabía quién había dado la orden, «pero me gustaría averiguarlo». Desde el Departamento de Estado, Marco Rubio rechazó de plano que se hubiera producido un apagón informativo: «Vi a alguien asociado al gobierno ucraniano decir que hay gente muriendo en Ucrania porque Estados Unidos les está negando información. Eso es escandaloso, es indignante y simplemente no es cierto».

Rubio encuadró lo sucedido los días 13 y 18 como «un asunto técnico» y no como el resultado de una directriz política. Un funcionario de la administración llegó a describirlo como «improvisación del Pentágono», un fenómeno que, según esa fuente, ya se había producido antes con Ucrania.

Starshield, un activo estratégico bajo escrutinio

Musk se defendió el mismo 14 de octubre en la red social X, donde aseguró que los sistemas Starshield «son propiedad del gobierno estadounidense y están bajo su control», y que cualquier límite de velocidad o de uso «lo decide el ejército de Estados Unidos y, en última instancia, el presidente». En el mismo mensaje diferenció ambos productos: «Starlink es un servicio comercial propiedad de SpaceX y controlado por SpaceX. Su uso se limita a actividades civiles o defensivas y no puede emplearse para acciones militares ofensivas, ya que hacerlo sería impropio de una empresa comercial».

El episodio llega en un momento de máxima fricción política. Musk y Trump han criticado en las últimas semanas los ataques ucranianos contra refinerías de diésel rusas, que el presidente estadounidense culpa del encarecimiento de la energía, y el magnate fue designado el mes pasado —junto al fundador de Anduril, Palmer Luckey, y al ex presidente de la Cámara de Representantes Newt Gingrich— para un panel que estudia el futuro de las tecnologías de defensa, conocido como Project Meridian.

La dimensión política apenas comienza. El senador demócrata Ruben Gallego reaccionó al informe escribiendo directamente a Musk: «No tienes que esperar una citación judicial, puedes venir por tu cuenta». La oposición ha prometido investigar a los principales cargos de la administración si recupera el control del Congreso en las elecciones de medio mandato del próximo mes, y el nombre del consejero delegado de SpaceX aparece en la parte alta de esa lista.

Más allá del pulso político, el caso deja una pregunta estructural incómoda: si una infraestructura de comunicaciones crítica para una guerra en curso depende de la voluntad de un ejecutivo privado, el paraguas contractual con el Departamento de Defensa se convierte en la única garantía real. Y esa garantía, esta semana, no pareció suficiente.

Fuentes y referencias