Cada octubre, la comunidad del pinball cruza el Medio Oeste estadounidense para reunirse en un centro de convenciones de la zona de Chicago con motivo de la Pinball Expo. Lo que durante años se consideró un sector de ocio en lenta decadencia vive hoy un renacimiento notable, y la edición de 2026 lo dejó claro: cientos de personas hicieron cola en una fresca mañana de viernes frente a la sede de Stern Pinball en Elk Grove, Illinois, para entrar en una fábrica que funciona como una factoría de ensueño, donde montones de piezas en bruto se transforman en máquinas con licencia oficial, desde Jaws hasta el recién llegado Fallout. Terminado el recorrido, los asistentes se desplazaron a la cercana Schaumburg para la convención propiamente dicha.
- Concentración extrema del mercado: según el legendario diseñador George Gomez, Stern controla en cualquier momento el 90% del mercado actual de pinball y el resto se lo reparten todos los demás fabricantes.
- Una fábrica abierta al público: la compañía, con 40 años de historia, recibió a cientos de aficionados en su planta de Elk Grove antes del arranque del salón.
- Récord de contenido: la expo programó más seminarios que el año anterior y estrenó una segunda sala para presentaciones simultáneas.
Del taller a la marca licenciada
La visita a la sede de Stern fue el pistoletazo de salida oficioso de la expo. Los asistentes fueron recibidos por Gary Stern, que repasó los cuarenta años de trayectoria de la empresa, y después se dirigieron a la entrada de la planta, donde el empleado de Stern y diseñador de juegos de renombre George Gomez explicó las normas del recorrido y respondió a las preguntas del público.
«En cualquier momento dado, Stern controla el 90 por ciento del mercado actual de pinball, y todos los demás se reparten el resto», afirmó Gomez.
La cifra resume la arquitectura industrial de un sector que, lejos de extinguirse, se ha reorganizado en torno a un fabricante dominante que sostiene la producción de máquinas nuevas mientras una constelación de talleres menores, restauradores y fabricantes boutique ocupa el espacio restante. El flujo de trabajo que los visitantes pudieron observar —piezas sin mecanizar entrando por un extremo y máquinas licenciadas saliendo por el otro— es la cara visible de esa escala industrial.
Tres días de seminarios y una segunda sala
Si la fábrica muestra el músculo productivo, el programa de conferencias revela la salud cultural del ecosistema. La expo habilitó una sala dedicada a los seminarios en la mitad izquierda del gran salón de Schaumburg, un espacio que acogió ponencias desde las ocho de la mañana del jueves y a lo largo del viernes y el sábado.
El volumen de contenido creció respecto al año anterior, hasta el punto de que el sábado fue necesario abrir una segunda sala, situada en la planta superior y contigua al espacio de sesiones de autógrafos, para albergar las presentaciones que se solapaban con el programa principal. La logística de grabación estuvo a punto de complicarse: una caja con equipos que debía llegar desde Ohio nunca apareció, de modo que el equipo técnico tuvo que improvisar con material de respaldo y trípodes adquiridos a toda prisa para poder registrar las charlas.
Del museo al LED: los temas que marcan la agenda
El temario de este año combinó preservación histórica, oficio artesanal y negocio. Entre las propuestas destacadas figuró la de Rob Hassold, centrada en articular mediante colaboración colectiva un museo del pinball que conserve y explique la historia del juego; la de Mitch Gagnon, que repasó la evolución de la iluminación desde las bombillas incandescentes hasta la creación de los LED; y la de Greg Walker, dedicada a la reproducción de playfields.
El plano industrial y comercial tuvo su espacio con Ed Giardina y su aproximación a la gestión de un negocio de pinball, y con John Tyner, que compartió su experiencia en la explotación de máquinas en ruta. La reflexión sobre la propiedad intelectual llegó de la mano de Nick Vaka y su ponencia sobre la muerte de la IP original, mientras que el apartado humano y afectivo quedó cubierto por la mesa redonda del equipo de Barrels of Fun, el homenaje a Fred Young a cargo de Jaden Berk y las reminiscencias de Scott Sheridan tras más de cincuenta años vinculado a la bola de plata.
Uno de los momentos más simbólicos fue la reunión de antiguos miembros del departamento de arte de Bally —Paul Faris, Margaret Hudson, Kevin O’Connor, Greg Freres, Tony Ramunni, Pat McMahon y Doug Watson—, un reencuentro que conecta la era dorada del pinball con la producción actual.
El balance de la cita dibuja un sector de dos velocidades: una industria concentrada en muy pocas manos, capaz de absorber licencias de videojuegos y franquicias cinematográficas, y una comunidad que sostiene con trabajo voluntario la memoria técnica del juego. La tensión entre ambas —entre la escala fabril y el conocimiento artesanal— será probablemente el eje que defina la próxima década del pinball, y la expo de 2026 dejó material más que suficiente para medirla.
Fuentes y referencias