Trece años sin un cohete de carga media nuevo: la carrera que EE. UU. aún no gana

Trece años han transcurrido desde que Estados Unidos estrenara su último cohete de carga media, el Antares de Orbital Sciences Corporation. Ese segmento —el que mueve entre 2 y 20 toneladas métricas a órbita baja— ha vivido desde entonces en una especie de limbo que ahora empieza a romperse con una generación de vehículos de arquitectura radicalmente distinta, pero cuyo centro de gravedad ya no está garantizado que sea estadounidense.

  • Antares fue el último: motores soviéticos de la era Apolo, una etapa central fabricada en Ucrania y una explosión en su quinto vuelo, en 2014.
  • El relevo tecnológico ya está en la rampa: el cohete Nova de Stoke Space apuesta por la reutilización total de ambas etapas mediante un escudo térmico refrigerado con hidrógeno líquido.
  • La demanda supera la oferta: el Falcon 9 empieza a rechazar clientes más allá de 2028, y esa ventana la quieren ocupar operadores como Reaction Dynamics con su Borealis.
  • El ritmo lo dice todo: la costa espacial de Florida cerró 2025 con 109 lanzamientos orbitales récord y llevaba 60 en 2026 al 20 de octubre.

Antares: motores soviéticos y una cadena de suministro frágil

La variante inicial de la serie 100 del Antares fue, en palabras del propio sector, un dolor de cabeza. El vehículo empleaba motores soviéticos construidos en la época en que los astronautas del programa Apolo caminaban sobre la Luna. Décadas después, ya en los años noventa, Aerojet los adquirió y los reacondicionó para un cohete que no volaría hasta la década de 2010. El resultado fue previsible: en el quinto lanzamiento del Antares, en 2014, el cohete explotó.

El Antares es el último exponente de una estirpe en extinción, y también el más incómodo: no solo montaba motores rusos, sino que su etapa central se fabricaba en Ucrania. Cualquier análisis del segmento de carga media en Estados Unidos de los últimos quince años pasa inevitablemente por ese cuello de botella geopolítico.

Nova y el enfriamiento regenerativo como escudo

La nueva generación se define por lo contrario: verticalidad industrial y diseño para volar muchas veces. El caso más llamativo es el de Stoke Space, fundada en 2019 por dos veteranos de la propulsión de Blue Origin, que ha reconstruido la histórica plataforma LC-14 de Cabo Cañaveral —la misma desde la que John Glenn partió el 20 de febrero de 1962— para lanzar el Nova, un cohete de unos 40 metros con primer vuelo previsto para finales de 2026.

La propuesta técnica es distinta a todo lo demás. Nova aspira a recuperar y reutilizar también su segunda etapa, algo que ninguna empresa estadounidense ha logrado con un vehículo orbital no tripulado. El problema es la reentrada: una etapa superior regresa a unos 7,8 kilómetros por segundo y debe disipar esa energía en forma de plasma. Mientras el Starship de SpaceX cubre su acero inoxidable con cerca de 18.000 losetas cerámicas, Stoke resuelve el problema con fontanería en lugar de armadura: un escudo metálico atravesado por canales por los que circula hidrógeno líquido del propio depósito, absorbiendo el calor y devolviéndolo al sistema de propulsión. La etapa superior monta 24 cámaras Andromeda 2 dispuestas en anillo y apunta a unos 3.000 kilogramos de carga útil reutilizable a órbita baja.

La demanda empuja desde fuera de Estados Unidos

El interés por este segmento no es especulativo. El Falcon 9 se ha convertido en la opción por defecto para satélites y ya ha empezado a rechazar clientes más allá de 2028, lo que ha abierto una ventana que otros operadores quieren aprovechar. El canadiense Reaction Dynamics planea lanzar su cohete de carga media Borealis en 2031, con capacidad para seis toneladas a órbita baja, tras estrenar antes su Aurora —por debajo de media tonelada— desde suelo canadiense en 2028, en el puerto espacial de Maritime Launch Services cerca de Canso, Nueva Escocia.

La compañía con sede en Longueuil (Quebec) quiere pasar de 68 a 350 empleados y de 60.000 a 375.000 pies cuadrados de instalaciones en cinco años, con una recaudación prevista de unos 350 millones de dólares canadienses en dos rondas, además de los 50 millones ya obtenidos. Ya ha firmado diez acuerdos y cartas de intención con clientes potenciales de Canadá, Estados Unidos y Europa.

«Vemos una oportunidad de atender la demanda canadiense y ofrecer capacidad de lanzamiento dedicada adicional a clientes de Estados Unidos, Europa y países aliados», señala Jesse Mikelberg, director de desarrollo de negocio y estrategia de Reaction Dynamics.

El respaldo institucional también cuenta: la empresa recibió una subvención de 8,3 millones de dólares canadienses del programa IDEaS Launch the North, en el marco del compromiso federal de 182,6 millones a tres años para dotar a Canadá de capacidad soberana de acceso al espacio.

La conclusión es incómoda para Washington. El mercado de carga media estadounidense estuvo una década y media sin un vehículo nuevo, y cuando por fin llega el relevo, la discusión ya no es solo tecnológica sino de capacidad industrial y de calendario. Nova demostrará en 2026 si la reutilización de la segunda etapa es viable fuera de un laboratorio; Borealis recordará en 2031 que la carrera no se corre únicamente dentro de las fronteras de un país.

Fuentes y referencias