Slate ha dado un paso decisivo para convertir su promesa de pickup eléctrica barata en un negocio tangible. La compañía inauguró su primer espacio de exposición en el distrito de Fulton Market, al noroeste del Loop de Chicago, en un local que antes fue una tienda de Tesla y que ahora opera con parte del personal que trabajó en esa empresa. Allí, los interesados pueden recorrer un prototipo, revisar las opciones de personalización, comprar merchandising de la marca y reservar una unidad con un depósito de 300 dólares.
- Primer punto de contacto físico: el Slate Customer Experience Center permite ver, tocar y reservar el vehículo antes de que arranquen las entregas.
- Precio de partida: 24.950 dólares para la versión Blank Slate, a los que se suman 1.450 dólares de cargo por destino, para un total de 26.400 dólares.
- Filosofía radical: sin pantalla de infoentretenimiento de fábrica, sin pintura de fábrica y con manivelas manuales para las ventanillas.
- Calendario: primeras entregas previstas para finales de 2026 en Estados Unidos, con ensamblaje en Indiana.
De tienda de Tesla a centro de experiencias
El espacio de Fulton Market es mucho más que un concesionario al uso. Slate no tiene previsto vender a través de la red tradicional de distribuidores: los pedidos se realizan directamente con la compañía, y el showroom funciona como escaparate de un modelo de negocio que apuesta por la venta digital y el contacto puntual con el producto. En una pared del local se exhiben muestras de colores y materiales, y los visitantes pueden configurar su futura unidad mientras conversan con el equipo de la marca.
La apertura llega cuando faltan pocos meses para que la primera Slate Truck llegue al garaje de un cliente. El vehículo se diseñó en California y Michigan, se ingeniería en Michigan y se ensambla en Indiana, un detalle que la empresa subraya como parte de su propuesta de valor local.
La pickup que renuncia a la pantalla
El rasgo más llamativo de la Slate Truck es lo que no tiene. La compañía decidió no instalar un sistema de infoentretenimiento de fábrica y, en su lugar, ofrece un soporte con carga para el teléfono del propietario. Existe además un accesorio para montar una tablet de mayor tamaño y un hueco para colocar un altavoz Bluetooth portátil que convierte el salpicadero en una barra de sonido improvisada. El climatizador, por cierto, se controla con mandos analógicos y no con una pantalla táctil.
Slate sostiene que el infoentretenimiento integrado encarece el vehículo, envejece rápido y falla con frecuencia: por eso el teléfono del usuario es el controlador y no hacen falta Apple CarPlay ni Android Auto.
La marca lanzará en el transcurso de este año una aplicación gratuita que mostrará el estado de carga y la salud de la batería, ayudará a localizar puntos de recarga con su precio estimado y permitirá programar mantenimiento. La página de la compañía, eso sí, no detalla cómo se transferirán las actualizaciones de software desde el teléfono al vehículo ni cuánto tardarán.
Qué incluye realmente por 24.950 dólares
La Blank Slate es una pickup de dos plazas, más pequeña que un Ford Maverick, con tracción trasera y un único motor de 135 kW montado en el eje posterior. Slate proyecta una autonomía de 205 millas (unos 330 km) según el ciclo de pruebas de la EPA, una cifra que la propia compañía advierte que variará con la temperatura, los hábitos de conducción y los accesorios instalados. La capacidad de carga útil ronda las 1.550 libras (unos 703 kg) y la de remolque las 2.000 libras (unos 907 kg), con una caja de 5 pies y 35,1 pies cúbicos.
El equipamiento no termina ahí: todas las unidades nacen como pickup de dos asientos, pero el cliente puede recibirla convertida en SUV de cinco plazas o añadir más adelante los kits Squareback, Fastback, Open Air o Cargo. Los elementos que en otros vehículos vienen de serie —pantallas, equipos de audio, elevalunas eléctricos— se venden por separado en un mercado de accesorios e pueden instalarse en la entrega, en un socio de servicio o por cuenta propia. La empresa también advierte que no debe remolcarse la pickup con las cuatro ruedas en el suelo, ya que eso dañaría la batería y los motores eléctricos.
El resultado es un vehículo deliberadamente austero, sin pintura de fábrica y sin lujos, que apunta a un comprador cansado de pagar por tecnología que se devalúa. El depósito de 300 dólares no es reembolsable, pero se descuenta del precio final y determina el turno de entrega: quien reserva antes, recibe antes.
Una apuesta por el nicho, no por el volumen
Slate no compite frontalmente con las pickup eléctricas de gran tamaño ni con los SUV premium. Su tesis es que existe un segmento desatendido de conductores que quieren movilidad eléctrica asequible y personalizable, y el showroom de Chicago es la primera prueba de que ese discurso puede sostenerse fuera de una diapositiva. La incógnita ya no es técnica, sino comercial: cuántas de esas reservas se convierten en entregas reales cuando la producción arranque a finales de 2026. Si la marca acierta, habrá demostrado que simplificar el producto puede ser una ventaja competitiva tan potente como añadir funciones.