La FDA avanza hacia péptidos no probados bajo la presión de RFK Jr.

El Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) que dirige Robert F. Kennedy Jr. ha enviado a la Casa Blanca una «política de acceso interino» para los péptidos, un movimiento que podría abrir la puerta a que las farmacias de compuestos fabriquen inyecciones que nunca han superado el escrutinio regulatorio exigido a los medicamentos convencionales. La propuesta fue remitida a la Oficina de Gestión y Presupuesto (OMB), el organismo que revisa las normas federales con posible impacto económico significativo, según el aviso publicado en un portal del Gobierno.

El documento no detalla el contenido de la medida, pero dos personas familiarizadas con el plan, que hablaron bajo condición de anonimato, señalan que pretende permitir a las farmacias formular temporalmente algunos de los péptidos más populares, entre ellos el BPC-157, una sustancia promocionada para desarrollar músculo y sanar lesiones. El HHS no respondió a las peticiones de comentario.

  • Discrecionalidad en lugar de regulación: la nueva política no añadiría formalmente los péptidos a la lista de fármacos seguros para formular, sino que aseguraría a las farmacias de compuestos que no serán objeto de acciones coercitivas.
  • Choque con la evidencia científica: los científicos de la FDA sostienen que ninguno de estos péptidos ha sido estudiado lo suficiente para establecer su seguridad y eficacia, pese a que un panel externo recomendó levantar restricciones.
  • Un negocio de miles de millones: los analistas de Wall Street calculan que el mercado de péptidos podría alcanzar entre 2.000 y 3.000 millones de dólares.

Qué significa «discrecionalidad de aplicación»

La figura clave del plan es la llamada discrecionalidad de aplicación, un mecanismo que permite a la FDA decidir selectivamente que no hará cumplir algunas de sus propias regulaciones. En la práctica, funcionaría como una garantía implícita para las farmacias de compuestos —negocios especializados que mezclan medicamentos personalizados no disponibles en los fabricantes tradicionales— de que no serán perseguidas por producir determinados péptidos.

La alternativa formal sería incorporar estos compuestos a la lista de fármacos autorizados para la formulación magistral, pero ese camino exige un proceso reglamentario federal que puede prolongarse durante años e incluye varias rondas de comentarios públicos. No quedó claro de inmediato si la Administración sigue planeando recorrer esa vía.

La evidencia científica, en el centro del debate

Los péptidos son los bloques de construcción de proteínas más complejas y activan hormonas implicadas en el crecimiento, el metabolismo y la reparación del organismo. Varias farmacéuticas los han llevado al mercado como tratamientos consolidados para la diabetes y la pérdida de peso, pero los que ahora están sobre la mesa no pasaron por ese proceso de validación riguroso. Aun así, se han popularizado entre estadounidenses interesados en ganar masa muscular, parecer más jóvenes o aumentar su energía, usos que la FDA no aprueba y para los que la mayor parte de los datos disponibles proviene de estudios con animales.

«Esto es enorme. Esto no trata de si estás a favor o en contra de los péptidos, sino de si estás a favor o en contra de la LIBERTAD MÉDICA».

El responsable de esa reacción pública fue Brigham Buhler, operador de una clínica de bienestar que vende péptidos a través de un servicio en línea y que publicó su respaldo en X. Su entusiasmo contrasta con la postura del personal científico de la agencia, que ya había incluido el BPC-157 y más de una docena de péptidos inyectables en su lista de sustancias demasiado arriesgadas para ser formuladas. Entre los peligros señalados por la FDA figuran la contaminación, las reacciones alérgicas y el crecimiento tumoral.

El origen del giro regulatorio está en julio, cuando un panel de asesores externos de la FDA recomendó eliminar las restricciones sobre seis de los siete péptidos sometidos a su consideración. Ese grupo fue seleccionado por el propio Departamento de Salud dirigido por Kennedy e incluía a varios médicos, farmacéuticos y consultores que trabajan en el sector de los péptidos. Su recomendación fue en contra de la conclusión de los científicos de la agencia, que reiteraron que ninguno de esos compuestos había sido estudiado lo suficiente.

Telemedicina y un mercado en expansión

Antes de incorporarse a la Administración, Kennedy declaró públicamente que «la guerra de la FDA» contra los péptidos y otros productos de bienestar terminaría pronto. Ya como secretario de Salud, sostuvo que las farmacias de compuestos estadounidenses deben poder venderlos porque los ciudadanos recurren cada vez más a péptidos del «mercado gris» fabricados en China y en otros países, productos que siguen disponibles en plataformas como TikTok.

El negocio ya ha captado la atención de grandes proveedores de telemedicina como Hims & Hers y Noom, que anunciaron recientemente su intención de ofrecer péptidos a sus clientes si el Gobierno federal facilita el acceso. Además, algunas de las figuras más visibles del movimiento Make America Healthy Again (MAHA) venden inyecciones y suplementos de este tipo.

El plan enviado a la Casa Blanca consolida una tendencia que trasciende lo sanitario: la salud pública estadounidense entra en un territorio donde la discrecionalidad administrativa sustituye a la revisión basada en evidencia. Si la política se materializa, el acceso a estos compuestos podría ampliarse sin que existan datos concluyentes sobre sus efectos a largo plazo, mientras las grandes plataformas de telemedicina y las farmacias de formulación se posicionan para capturar un mercado que podría mover miles de millones. La pregunta que queda abierta ya no es si los péptidos llegarán al gran público, sino con qué grado de supervisión lo harán.

Fuentes y referencias