Meta podrá rastrear las webs de sus clientes para entrenar IA desde el 30 de octubre

Meta ha comenzado a notificar a sus cuentas de empresa un giro profundo en las condiciones que rigen el uso comercial de Facebook, Instagram, WhatsApp y Messenger. Los nuevos términos comerciales, que entran en vigor el 30 de octubre de 2026, autorizan a la compañía a rastrear de forma automatizada los sitios web «asociados» a esos perfiles y a emplear el contenido recolectado para entrenar sus productos de inteligencia artificial, Llama incluido. La actualización sustituye el contrato vigente desde el 6 de marzo de 2024 y, a diferencia de lo habitual en este tipo de cambios, no ofrece ninguna vía para rechazarla.

  • Sin opción de exclusión: el aviso de Meta es tajante: quien no acepte las nuevas condiciones debe dejar de usar sus productos con fines comerciales. El único mecanismo de renuncia que se conserva afecta a la cláusula de arbitraje, no al rastreo.
  • Alcance indefinido: el texto no define qué significa que una web esté «asociada» a una cuenta de empresa, y tampoco menciona robots.txt, la señal estándar con la que los editores bloquean a los rastreadores.
  • Presión sobre los medios: expertos legales advierten de que la cláusula podría afectar a prácticamente toda la industria informativa, ya que casi todas las redacciones operan al menos una cuenta comercial en Meta.

Qué autorizan exactamente los nuevos términos

El párrafo central es explícito. Meta se reserva el derecho de utilizar «software automatizado (como rastreadores web, bots, robots, arañas, crawlers y agentes de usuario)» y de crear «credenciales de prueba» para acceder, indexar, almacenar en caché, analizar, recopilar, recuperar o rastrear los dominios, páginas web o URL vinculados a los productos o servicios del cliente, además de extraer actualizaciones periódicas de esos mismos destinos.

Meta podrá usar cualquier contenido de tales dominios, páginas web o URL para proporcionar, desarrollar, mejorar, investigar, entrenar y mantener la integridad de los productos, servicios y funciones de Meta.

Dado que la definición de «Productos» de Meta incluye «AI at Meta», el lenguaje de entrenamiento acaba recayendo directamente sobre el contenido periodístico. La mención a las «credenciales de prueba» abre además la puerta a que la empresa se registre como usuario ficticio para superar muros de registro; Meta no ha aclarado si eso incluiría también los muros de pago.

El hallazgo no partió de una gran redacción. Fue Stephen Beale, fundador y editor de The Steampunk Explorer, quien detectó el aviso en Meta Business Suite a comienzos de octubre, comparó los términos antiguos y nuevos y publicó la cláusula el 14 de octubre, pidiendo a Meta que demostrara dónde aparecía ya ese lenguaje. Tras tres correos, seguía esperando respuesta.

«Una provisión notable para enterrarla en los términos de servicio»

Tres expertos legales revisaron el texto a petición de la prensa especializada y su veredicto fue unánime: tal como está redactado, serviría para sostener que Meta puede rastrear sitios informativos y entrenar su IA con ellos. Matt Topic, abogado de medios y propiedad intelectual en Loevy & Loevy, lo resumió así:

Es una provisión notable para enterrarla en los términos de servicio, teniendo en cuenta que daría a Meta acceso a material que probablemente costaría muchos millones de dólares en un mercado de licencias. No está claro si un tribunal lo haría cumplir, pero los editores deberían asumir que sería exigible.

James Grimmelmann, profesor de derecho digital y de la información en la Facultad de Derecho de Cornell, fue más lejos: sostiene que el cambio «representa claramente el permiso para que Meta entrene su IA con cualquier contenido de sus sitios y posiblemente para desplegar parte de ese contenido, incluso compitiendo con los propios editores». En su lectura más amplia, añade, serviría para construir un archivo exhaustivo que Meta distribuiría a su antojo, de forma directa o a través de su IA. Y plantea el dilema de fondo: los editores tendrán que elegir entre confiar en que Meta no ejecutará todo lo que dice el contrato o renunciar a sus cuentas de empresa.

Benjamin Sobel, profesor de derecho en la Universidad de Wisconsin, trazó un paralelismo con las prácticas de «vinculación» del derecho de la competencia: para usar las herramientas comerciales de Meta, hay que aceptar también los permisos de rastreo. Y recordó el precedente de Google, donde aparecer en los resultados de búsqueda implica hoy que el contenido pueda reutilizarse en AI Overviews y AI Mode.

La versión de Meta y el espejo de Google

Meta rechazó responder a la batería de preguntas sobre la actualización. Su portavoz Daniel Roberts aseguró que «no hay ningún cambio en cómo Meta utiliza los rastreadores web; cualquier sugerencia de lo contrario es falsa», y añadió que los propietarios de contenido «pueden seguir usando las marcas de robots.txt para indicar sus preferencias». Andy Stone, vicepresidente de comunicación de la compañía, escribió en X que la medida no pretende apuntar a los medios: «Esta actualización está diseñada para asegurarnos de poder extraer información precisa sobre productos a la venta en webs de terceros al generar recomendaciones de anuncios y contenido, no para rastrear sitios de noticias».

La compañía sostiene que el cambio simplemente consolida cláusulas que antes estaban dispersas, incluidas las de IA generativa aplicada a publicidad, vigentes desde 2024 pero limitadas a las URL que el anunciante entrega. El contexto, sin embargo, tensa la explicación: el mes pasado Meta lanzó la suscripción Meta One, que obliga a empresas y creadores a pagar para incluir enlaces en publicaciones y reels. En otras palabras, cobra por enlazar el mismo contenido que quedará autorizado a rastrear gratis.

Meta ya ha firmado acuerdos de licencia de IA con CNN, Fox News, USA Today y People Inc., siguiendo la estela de OpenAI. Los nuevos términos le darían acceso a un espectro de contenido mucho más amplio sin pasar por caja. Sobre la empresa pesan además varias demandas por derechos de autor relacionadas con el entrenamiento de sus modelos: en mayo, cinco grandes editoriales de libros presentaron una acción colectiva acusándola de haber pirateado millones de obras para entrenar Llama.

El desenlace depende ahora de los tribunales, que todavía no han fijado criterios claros sobre si entrenar IA con material ajeno constituye un uso legítimo. Mientras esa batalla se dirime, Meta ha conseguido algo decisivo: trasladar la discusión del terreno de la negociación de licencias al de la aceptación contractual por defecto. Para los editores, el margen de maniobra se reduce a dos semanas, un rastreador identificado —meta-externalagent— y la incómoda decisión de seguir en las plataformas o abandonar el negocio que Meta misma les ofrece.

Fuentes y referencias