La exploración de Venus vuelve a estar en la agenda. Tras un periodo de incertidumbre en el que sus dos misiones estuvieron amenazadas con la cancelación, la NASA ha confirmado que ambos proyectos siguen adelante y que sus calendarios de lanzamiento se han reajustado para despegar a comienzos de la década de 2030. Una de las naves viajará incluso un año antes de lo que se había planificado.
Para la mayoría de los científicos planetarios, el momento álgido de la exploración de Venus se produjo hace más de una generación. Ese larguísimo paréntesis científico está a punto de cerrarse.
- DAVINCI se adelanta: la misión atmosférica tiene previsto su lanzamiento en diciembre de 2030, un año antes de la fecha que se manejaba anteriormente.
- VERITAS esperará hasta 2032: la segunda misión de la NASA partirá en noviembre de ese año para cartografiar el planeta con radar desde la órbita.
- Una flota internacional: la Agencia Espacial Europea prepara su propio orbitador, Envision, para 2032, mientras que Rocket Lab aspira a lanzar una sonda privada incluso antes.
DAVINCI: una sonda que se sumergirá en la atmósfera venusina
La primera de las dos misiones responde a las siglas DAVINCI, que corresponden a Deep Atmosphere Venus Investigation of Noble gases, Chemistry, and Imaging. Su diseño gira en torno a una sonda de descenso que atravesará la atmósfera del planeta asistida por paracaídas, tomando mediciones a medida que desciende.
El objetivo científico es especialmente ambicioso por una razón histórica: la misión devolverá las primeras imágenes directas de la superficie de Venus desde 1982. Ninguna nave ha vuelto a fotografiar su suelo desde entonces, de modo que DAVINCI cubrirá un hueco de observación de más de cuatro décadas. El lanzamiento está fijado para diciembre de 2030.
VERITAS, Envision y la arrancada privada
La segunda misión estadounidense lleva el nombre de VERITAS, acrónimo de Venus Emissivity, Radio science, InSAR, Topography, And Spectroscopy. A diferencia de DAVINCI, no descenderá a la atmósfera: operará desde la órbita para elaborar un mapa de la superficie venusina mediante radar. Su lanzamiento está previsto para noviembre de 2032.
El esfuerzo no será exclusivamente estadounidense. La Agencia Espacial Europea construye su propio orbitador, bautizado Envision, también con destino a Venus y con lanzamiento previsto en 2032. Y la ofensiva podría arrancar incluso antes: Rocket Lab tiene como objetivo lanzar el año próximo una sonda financiada con capital privado cuya misión será buscar indicios de material orgánico en las nubes del planeta.
Un objetivo científico que despierta de su letargo
La coincidencia de calendarios dibuja algo parecido a una flota venusina coordinada. Entre 2030 y 2032 despegarán tres naves institucionales —dos de la NASA y una de la Agencia Espacial Europea— a las que podría sumarse, con un año de antelación, una iniciativa privada centrada en un aspecto muy distinto del planeta: la química de sus nubes y la posible presencia de compuestos orgánicos.
Esa diversidad de enfoques es precisamente lo que da valor al conjunto. Venus es un mundo con una atmósfera densa y extremadamente hostil, y durante décadas quedó fuera del radar presupuestario mientras Marte y los destinos del sistema solar exterior absorbían la mayoría de los recursos. El regreso de estas misiones rompe esa inercia y promete datos sobre composición atmosférica, gases nobles y topografía superficial que llevaban generaciones sin actualizarse.
Si los calendarios se mantienen, la próxima década pondrá fin a más de cuarenta años de sequía científica en Venus y ofrecerá capas de observación complementarias sobre un mismo mundo, desde la química de su atmósfera hasta el relieve de su superficie. Queda por ver si los presupuestos acompañan hasta el final, pero por primera vez en una generación la hoja de ruta venusina parece sólida y, sobre todo, con fechas concretas.