La OTAN estudia redesplegar defensas antidrón tras los ataques que hunden buques en el Mar Negro

La escalada en el Mar Negro ha dejado de ser un problema regional para convertirse en un desafío directo para la OTAN. Los ataques con drones registrados el 13 de octubre hundieron un buque de carga y obligaron a evacuar a la tripulación de otro a unos 34 y 32 kilómetros de la costa búlgara, respectivamente. Con estas acciones ya son cinco las embarcaciones atacadas dentro de las zonas económicas exclusivas de países miembros de la Alianza Atlántica, lo que ha disparado las peticiones para que la OTAN redespliegue sistemas antidrón y refuerce la vigilancia en la zona.

  • Cinco buques atacados en aguas de la OTAN: los incidentes se concentran en la zona económica exclusiva búlgara y aguas adyacentes, con dos embarcaciones hundidas y once tripulantes desaparecidos.
  • Sofía apunta a Moscú, pero sin pruebas: el primer ministro búlgaro, Rumen Radev, sostiene que los ataques benefician a Rusia, aunque admite que no puede demostrar su autoría.
  • Petición formal de apoyo aliado: Bulgaria reclama a la OTAN y a la Unión Europea asistencia para la investigación, vigilancia radar y cobertura de defensa aérea a lo largo de su litoral.

Dos naufragios y un rescate complejo

El buque de carga con bandera de Guinea-Bisáu Dignity se hundió tras ser alcanzado por un ataque militar. Cuatro marineros —tres de nacionalidad siria y uno egipcio— fueron rescatados y trasladados al puerto de Varna, donde llegaron en buen estado, según detalló el gobernador del distrito, Mario Smarkov. Un quinto marino estaba previsto que arribara horas después, mientras continúa la búsqueda de once tripulantes desaparecidos.

El segundo barco siniestrado, el carguero costero Chelsea 3, es de operación ucraniana y navega bajo pabellón de Malta, país de la Unión Europea. Sus quince tripulantes —siete ucranianos y ocho azerbaiyanos— fueron evacuados por los equipos de rescate búlgaros después de que el buque fuera alcanzado por tres drones aéreos que impactaron en la cubierta y el casco. Cinco de ellos recibieron atención por heridas leves.

Los ataques no son un hecho aislado. Una semana antes, otros dos buques comerciales fueron atacados en la misma zona: uno con bandera de Togo se hundió y un transbordador búlgaro evacuó a los dieciocho miembros de la tripulación de una embarcación que enarbolaba pabellón de Pulau. Un día antes de los últimos incidentes, un carguero de propiedad turca que transportaba maíz se incendió tras un ataque con drones frente a la costa de Rumanía y acabó hundiéndose, con dos fallecidos y once rescatados.

Señalamientos cruzados sin prueba concluyente

Bulgaria sostiene que Rusia está probablemente detrás de las agresiones, pero reconoce que no dispone de una forma de probar la culpabilidad de Moscú. El primer ministro expuso esa contradicción ante el Parlamento durante una comparecencia de casi tres horas celebrada el 14 de octubre, a la que acudieron los ministros de Interior y Defensa y los responsables de los servicios de seguridad.

No tiene lógica que Ucrania ataque sus propios barcos y tripulaciones, dado que el resultado de todos estos ataques favorece a Rusia; la lógica apunta en esa dirección. El problema es que no podemos probarlo.

Radev trasladó ese mismo argumento a la embajadora rusa en Sofía, Eleonora Mitrofanova, quien respondió que no dispone de información del Ministerio de Defensa de su país y que no descarta que los ataques sean «una provocación de un tercero». En paralelo, el ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, culpó directamente a Moscú y denunció una «indiferencia deliberada» hacia la vida civil y la seguridad marítima, además de advertir que el Mar Negro es una arteria vital para la seguridad alimentaria mundial.

Defensa antiaérea, radar y coste económico

El primer ministro búlgaro fue tajante sobre las limitaciones técnicas de la respuesta. Durante la comparecencia parlamentaria advirtió que las capacidades actuales no bastan para cubrir un espacio marítimo tan extenso y que hará falta financiación y tiempo para desarrollar nuevas herramientas contra drones. Su país ya ha desplegado monitorización reforzada, reconocimiento con sistemas no tripulados y misiles superficie-aire, y ha reclamado a la OTAN asistencia en vigilancia radar y control del espacio aéreo.

El impacto económico también preocupa. Radev confirmó que Lukoil cuenta con reservas suficientes: 140.000 toneladas de crudo almacenadas y otras 420.000 pendientes de descarga desde tres petroleros situados en aguas territoriales búlgaras, con suministro garantizado hasta noviembre e incluso hasta mediados de diciembre. Además, confirmó un ataque incendiario contra antenas de Starlink cerca de Sofía, bajo investigación, y el presidente del organismo estatal de seguridad, Plamen Tonchev, advirtió de que no pueden descartarse nuevos actos de sabotaje contra infraestructuras críticas.

La reacción internacional fue rápida. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, aseguró que la Alianza seguirá colaborando con sus socios en el Mar Negro y ajustando su postura de disuasión en el flanco este. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, condenó los ataques y afirmó que el Mar Negro «se ha convertido en otro frente de escalada», mientras que el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, avanzó que el aumento de actividades híbridas rusas se abordará en la cumbre de Bruselas. El presidente búlgaro, Iliana Yotova, pidió un alto el fuego inmediato y una moratoria sobre el uso de drones contra infraestructura comercial y civil, en coordinación con Rumanía y Turquía. El portavoz de la ONU, Stephane Dujarric, advirtió del efecto dominó sobre los precios de las materias primas y del riesgo fatal que afrontan los marineros.

El episodio deja una conclusión incómoda para los aliados: la protección de una ruta comercial crítica ya no depende solo de la disuasión naval, sino de una capa antidrón capaz de cubrir cientos de kilómetros de litoral. La brecha entre la retórica política y la disponibilidad real de radares, interceptores y doctrina operativa marcará el próximo movimiento de la OTAN en el Mar Negro, en un contexto donde el coste económico de cada buque hundido recae sobre el comercio global.

Fuentes y referencias