Tras casi una década de desarrollo discreto, Amazon ha construido su satélite número 1.000 y se encuentra a apenas unas semanas de activar su red de internet de banda ancha desde la órbita baja terrestre. El mayor minorista del planeta, acostumbrado a vender casi cualquier cosa, quiere ahora vender conectividad desde el cielo en un mercado que SpaceX domina con Starlink desde hace media década.
- Mil unidades fabricadas: la compañía alcanza el hito del satélite 1.000 después de la mejor parte de una década dedicada al proyecto.
- Despliegue a la vista: la puesta en marcha del servicio comercial está prevista para cuestión de semanas.
- Un rival solitario: con OneWeb ofreciendo solo servicios limitados, Amazon queda como el único competidor real de Starlink a escala global.
- Un responsable con historia: Rajeev Badyal, despedido por Elon Musk hace ocho años, dirige ahora los esfuerzos de banda ancha de Amazon.
Una década de ingeniería y mil satélites listos
La constelación de Amazon ha sido un proyecto de largo recorrido: la empresa lleva la mayor parte de diez años diseñando y fabricando los equipos que deben repartir banda ancha de alta velocidad desde la órbita baja. Con la unidad número 1.000 ya ensamblada, la compañía está a punto de descorrer la cortina y entrar en una arena muy disputada.
El interés no es solo de los consumidores. Aerolíneas, compañías de transporte marítimo y gobiernos siguen con atención el debut, porque la conectividad orbital ha demostrado ser útil para propósitos muy diversos: desde los videojuegos hasta el comercio electrónico, pasando por operaciones militares. Ese abanico de clientes explica por qué la llegada de un segundo proveedor global se considera un acontecimiento relevante y no un simple lanzamiento comercial.
La sombra alargada de Starlink
Hasta ahora, quien quería internet satelital de alta velocidad tenía esencialmente un solo proveedor al que comprárselo: Elon Musk y SpaceX. OneWeb ha ofrecido únicamente servicios limitados, lo que deja a Amazon como la única alternativa con vocación de cobertura mundial. La distancia entre ambos proyectos, sin embargo, sigue siendo considerable: en el India Mobile Congress, Lauren Dreyer, vicepresidenta de operaciones de negocio de Starlink en SpaceX, cifró la red de la compañía en 11.000 satélites y presencia en más de 170 países, además de subrayar su colaboración con entidades públicas y privadas para conectar zonas remotas.
El crecimiento del sector tampoco depende solo de la tecnología. El caso indio es ilustrativo: pese a los acuerdos anunciados el año pasado con Jio y Bharti Airtel para desplegar Starlink en el país, el servicio todavía no se ha lanzado, y los reguladores han planteado objeciones relacionadas con la seguridad. Bloomberg informó en junio de que las autoridades de Nueva Delhi habían frenado las aprobaciones ante el temor de que los terminales pudieran operar sin licencia. Neil Shah, socio de Counterpoint Research, apunta que los organismos reguladores recelan de un proveedor extranjero en un ámbito sensible como las comunicaciones satelitales, con dudas abiertas sobre el geocerco de los terminales y el lugar donde se almacenarán los datos. Su previsión es que la autorización llegue más o menos cuando los operadores locales pongan en marcha sus propios servicios satelitales.
«Estamos siendo bloqueados por ciertos oligarcas para mantener su estrangulamiento monopolístico sobre el pueblo indio», escribió Musk en X, sin nombrar a nadie.
La lección para el resto del mercado es que los pleitos por espectro y licencias condicionan tanto como la capacidad de fabricar y lanzar hardware. Y ahí Amazon, con su milésimo satélite ya construido, llega con músculo industrial.
Rajeev Badyal, el ejecutivo que Musk despidió
Al frente de la apuesta de banda ancha de Amazon está Rajeev Badyal, a quien Musk despidió hace ocho años por avanzar con demasiada cautela en el desarrollo de Starlink. La paradoja es difícil de ignorar: la persona señalada por su prudencia es hoy la encargada de construir el principal desafío al liderazgo de SpaceX en internet desde el espacio. Su experiencia previa en constelaciones de órbita baja es, precisamente, el activo que Amazon necesita para no repetir errores costosos en una industria donde cada retraso se paga en cobertura y en clientes.
El desenlace de esta pugna no se decidirá únicamente por el número de satélites en órbita. Entran en juego el ritmo de lanzamientos, la capacidad de fabricación en serie, el acceso a licencias en mercados clave y la habilidad para cerrar contratos con operadores, aerolíneas y gobiernos que buscan diversificar proveedores. Para Amazon, el reto es doble: demostrar que puede desplegar una red fiable a escala planetaria y convencer a un mercado acostumbrado a una única opción de que la competencia traerá mejores precios y más cobertura. Si lo consigue, la banda ancha orbital dejará de ser un monopolio de facto y pasará a comportarse como un mercado maduro, con todo lo que eso implica para consumidores, empresas y reguladores.
Fuentes y referencias