A mediados de octubre de 2026, las fuerzas ucranianas comprobaron que sus terminales Starlink y Starshield —la variante militar del servicio— ya no mantenían la conexión en aeronaves que volaran a más de 100 millas por hora, unos 160 km/h. Lo que siguió fue un pulso político de varios días entre Elon Musk, la Casa Blanca y Kyiv que ha expuesto la fragilidad de depender de un único proveedor privado para las comunicaciones de un país en guerra.
- El detonante: Ucrania denunció el 14 de octubre que SpaceX impuso límites de velocidad a Starshield, degradando el control de drones de ataque y de intercepción aérea.
- El coste militar: un comandante ucraniano cifró en más de un millón de dólares las pérdidas de su unidad y tres días de misiones retrasadas.
- Nadie asume la orden: Musk atribuye los límites al Ejército estadounidense; Trump niega su implicación; Kyiv asegura que las restricciones siguen activas.
- Sin recambio real: Amazon Leo, TeraWave, Eutelsat e IRIS² están muy lejos de la constelación de más de 11.000 satélites de SpaceX.
Cronología de un apagón que nadie reclama
El 13 de octubre las autoridades ucranianas anunciaron restricciones repentinas que obligaron a su ejército a improvisar. Al día siguiente acusaron formalmente a SpaceX y a Estados Unidos de socavar la capacidad defensiva del país. El diario The Wall Street Journal publicó después que Musk ordenó personalmente los cambios y que los había comentado con Donald Trump antes de aplicarlos. El presidente estadounidense negó cualquier participación y, el jueves, se limitó a señalar que el servicio había vuelto: «No quiero comentar si llamé yo o llamó otra persona; da igual. Lo importante es que él lo restableció».
La versión oficial chocó de inmediato con el terreno. El asesor del presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy, Serhii Beskrestnov, escribió en Telegram: «Por ahora no hemos observado ningún levantamiento de las restricciones sobre Starlink». Un alto funcionario europeo citado por medios internacionales confirmó que los topes de velocidad seguían vigentes y el Ministerio de Defensa ucraniano aseguró que continuaban los episodios de pérdida de señal.
Mientras tanto, el reparto de responsabilidades se movió en otra dirección. El secretario de Estado, Marco Rubio, sostuvo que la velocidad y el acceso «se rigen por un contrato comercial privado». Musk respondió que Starshield es «propiedad y está bajo control del Gobierno de Estados Unidos» y que «cualquier límite de velocidad o de uso lo decide el ejército estadounidense y, en última instancia, el POTUS». El entonces secretario de Defensa, Pete Hegseth, negó que el Pentágono hubiera ordenado cambio alguno.
Drones, defensa aérea y un millón de dólares
El impacto operativo es lo que menos espacio ha recibido en el debate político. Los topes inutilizaron en la práctica drones ofensivos e interceptores que necesitaban volar rápido para alcanzar los aparatos propulsados a reacción lanzados por Rusia contra la población civil. Un comandante ucraniano declaró que las restricciones costaron a su unidad más de un millón de dólares y retrasaron misiones tres días.
El problema de fondo es tecnológico: no existe un sustituto comparable. El responsable de I+D de hardware de la firma ucraniana de defensa BlueBird Tech, que habló bajo anonimato por razones de seguridad, resumió la ventaja del sistema: «Starlink ofrece hoy una de las mejores coberturas satelitales disponibles, prácticamente sin competidores si se considera la combinación de coste, disponibilidad y facilidad de uso».
El mercado de alternativas todavía no existe
Los números explican la dependencia. Según el seguimiento del astrónomo Jonathan C. McDowell, SpaceX opera más de 11.000 satélites, y la directora de operaciones Gwynne Shotwell confirmó que el servicio está activo en 174 países. Frente a eso, Amazon Leo acumula siete años de desarrollo y apenas 390 satélites en órbita. Blue Origin, la compañía de Jeff Bezos, presentó en enero TeraWave para clientes empresariales y gubernamentales, con el primer lote previsto para el cuarto trimestre de 2027. La francesa Eutelsat supera los 600 satélites y sus acciones se dispararon un 23% el 14 de octubre, justo cuando trascendieron las restricciones. La Unión Europea construye IRIS², con cientos de satélites, pero los primeros lanzamientos no llegarán antes de 2029.
En Washington, un grupo bipartidista de legisladores pidió una investigación. El senador John Cornyn calificó de «francamente vergonzoso» limitar el servicio en Ucrania, la representante Pramila Jayapal advirtió que ningún multimillonario debería poder cerrar comunicaciones durante una guerra y el senador Richard Blumenthal abrió su propia pesquisa. Desde el sector civil, Robert Weissman, copresidente del organismo de vigilancia Public Citizen, fue tajante: «Ninguna persona debería tener esa capacidad o ese poder».
El episodio deja una lección incómoda para toda la arquitectura de defensa aliada. Los contratos ucranianos con Starshield se tramitan mediante una venta militar extranjera con el Gobierno estadounidense, y el servicio Starlink comercial lo paga Polonia: no se retuvo una ayuda, se degradó un servicio ya abonado. Esa distinción erosiona la credibilidad de Estados Unidos como proveedor y acelera los planes de soberanía satelital en Europa. Para Hashtag Hoy, el dato relevante no es quién pulsó el botón, sino que la infraestructura crítica de una guerra pueda depender de la voluntad de una sola empresa, con miles de satélites y ningún competidor listo para sustituirla esta década.
Fuentes y referencias
- Musk’s clash with Ukraine accelerates demand for Starlink alternatives. Few exist
- Throttling Starlink Is a Disaster for Ukraine and the United States | CSIS
- Trump says Musk restored Ukraine’s Starlink access amid Russia war
- Trump says Elon Musk restored Ukraine’s Starlink access but Kyiv says service still limited
- Trump says Musk’s Starshield system ‘back’ in Ukraine