Google modificó su política de privacidad el pasado 16 de octubre y, con ese ajuste aparentemente menor, abrió una rendija en uno de los compromisos que durante años actuó como cortafuegos entre los datos más íntimos de sus usuarios y su negocio publicitario. La compañía ya no afirma de forma tajante que el contenido de Gmail, Drive y Fotos quede siempre al margen de la personalización de anuncios: ahora existe una excepción condicionada.
- Qué cambió: la política admite que el contenido de esas aplicaciones puede alimentar anuncios personalizados si el usuario decide compartirlo con otros servicios de Google que admitan publicidad personalizada.
- El detonante: Personal Intelligence, la función lanzada a comienzos de 2026 que permite a Gemini y a Search leer datos de aplicaciones conectadas para ofrecer respuestas más útiles.
- Qué sigue igual: los anunciantes no reciben el contenido de Gmail, Drive o Fotos ni datos identificativos como el nombre o el correo, y Google sostiene que no segmenta por categorías sensibles.
- Cómo revertirlo: el acceso se revoca desde los ajustes de personalización de Search, aunque la información ya almacenada puede permanecer en el historial.
Del cortafuegos a la excepción condicionada
El texto anterior era una promesa sin asteriscos: «No le mostramos anuncios personalizados basados en su contenido de Drive, Gmail o Fotos». La versión vigente desde el 16 de octubre conserva esa frase, pero le añade una coletilla decisiva: «…a menos que usted decida poner a disposición de otros servicios de Google que admiten anuncios personalizados los datos de esos servicios». La diferencia entre ambas redacciones no es estilística, es arquitectónica.
Google insiste en que el comportamiento por defecto no ha cambiado: el contenido de Gmail, Drive y Fotos no se emplea para personalizar publicidad salvo que el usuario conecte de forma explícita esas aplicaciones con servicios que sí ofrecen anuncios personalizados. El disparador es, por tanto, una acción voluntaria, pero una acción que la propia compañía lleva meses promocionando como la vía para obtener respuestas más inteligentes.
La empresa ilustra el mecanismo con un caso cotidiano: si alguien busca recomendaciones de restaurantes cerca de un hotel que ha reservado, Search puede consultar los detalles de la reserva que figuran en su correo. Ese mismo contexto es el que, según la nueva redacción, puede acabar influyendo en los anuncios que se muestran.
«Por ejemplo, Search puede procesar parte de los datos a los que usted le permite acceder para personalizar contenido, incluidos anuncios»
Personal Intelligence: el contexto que también vende
Personal Intelligence llegó a comienzos de 2026 con una propuesta sencilla de explicar y complicada de auditar: entregar a los productos de IA de Google datos procedentes de varias aplicaciones para que el asistente no tenga que preguntarlo todo desde cero. Gemini y Search ganan utilidad y el usuario paga con contexto. El problema es que ese contexto circula ahora por una infraestructura que también sostiene el negocio publicitario más grande del mundo.
Conviene delimitar el alcance. Según Google, los anunciantes no acceden al contenido de Drive, Gmail o Fotos ni a datos identificativos como el nombre o la dirección de correo. La empresa tampoco permite segmentar por categorías sensibles como raza, orientación sexual, religión o salud. Lo que cambia no es quién ve los datos, sino qué determina la selección del anuncio. La distinción importa: no es lo mismo usar el correo para responder a una pregunta que usar ese mismo correo para decidir qué anuncio interesa mostrar.
Cómo revisar los permisos y frenar el acceso
El control existe y está a pocos clics. Desde la cuenta de Google hay que entrar en Datos y privacidad, abrir Ajustes de personalización y seleccionar la gestión de recomendaciones personalizadas en los servicios de Search. En el apartado de aplicaciones de contenido conectado aparecen Google Workspace y Google Photos, que pueden desconectarse por separado. Como alternativa, es posible desactivar por completo las recomendaciones personalizadas de Search.
Hay una advertencia relevante: desconectar una aplicación no borra automáticamente lo que Google ya almacenó. Los datos guardados en el historial de servicios de Search pueden seguir ahí incluso después de romper el vínculo o de eliminar el correo o la foto originales.
Un permiso más amplio del que aparenta
El episodio resume con precisión la tensión del modelo: cuanto más útil resulta un asistente que conoce tu bandeja de entrada, más valioso se vuelve el dato que lo alimenta para quien financia el ecosistema. Google ha elegido la vía de la excepción explícita, técnicamente defendible pero difícil de comunicar, y deja la decisión en manos del usuario. La transparencia aquí no consiste en saber qué se recopila, sino en entender qué se activa al conectar una aplicación con otra: un permiso que muchos otorgaron pensando en mejores respuestas y no en mejores anuncios. La próxima vez que la compañía amplíe el alcance de su IA personal, ese matiz será el que marque la diferencia entre una función útil y una cesión de privacidad inadvertida.