Junta del hospital de los NIH alerta por clínica de lesiones vacunales de RFK Jr.

La junta que supervisa el Hospital de Investigación del Centro Clínico de los NIH rompió su agenda habitual para advertir que la clínica de lesiones vacunales impulsada por el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., podría dañar la reputación de una institución considerada «casa de la esperanza» para pacientes con enfermedades raras o sin otras opciones. Su presidente, Jack Leslie, dedicó seis minutos de una reciente reunión a cuestionar cómo Kennedy ha utilizado el hospital para promover su iniciativa.

  • Advertencia interna: Jack Leslie, presidente de la junta del Centro Clínico de Investigación de los NIH, criticó a Kennedy por inaugurar su clínica de lesiones vacunales dentro del hospital y advirtió que la medida puede afectar su prestigio.
  • Defensa del centro: El Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés) sostiene que el Centro de Vacunología e Inmunología (VIC) estudiará y tratará lesiones posteriores a vacunas con rigor científico.
  • Debate de fondo: Leslie afirmó que las reacciones graves son raras pero reales y deben tomarse en serio, mientras la junta aprobó por unanimidad una declaración crítica contra el centro y contra Kennedy.

Una inauguración que incomodó al «hospital de la esperanza»

El detonante fue una aparición sorpresa de Kennedy para cortar la cinta de su clínica insignia de lesiones vacunales. La ceremonia incluyó un panel con personas que afirmaban haber sufrido daños por vacunas, sentadas detrás de carteles con la leyenda «lesionados por vacunas», y que conversaron con Kennedy y otros altos funcionarios de la Administración Trump. Leslie consideró que ese uso del recinto podía erosionar la confianza en un centro que atiende a pacientes con condiciones poco frecuentes o que han agotado las alternativas.

«Pero creo que eso sería una falla como junta asesora si guardáramos silencio», dijo Leslie. «Las reacciones graves son raras, pero reales», añadió, y quienes creen haber sido lesionados deben «ser tomados en serio».

Leslie aclaró que no tiene objeciones a investigar posibles lesiones asociadas a vacunas. Su reparo no era la existencia del estudio, sino el modo en que la iniciativa se presentó dentro del hospital y el mensaje público que transmitía. Para él, el episodio podía confundir a los pacientes y comprometer la imagen de una institución que se presenta como refugio para quienes no encuentran respuestas en otros lugares.

Investigación, conflicto de interés y defensa oficial

El HHS anunció que el VIC, ubicado en el Centro Clínico de los NIH en Maryland, se dedicará a investigar y tratar lesiones vacunales. La junta aprobó por unanimidad una declaración que criticó la creación del centro y acusó a Kennedy de socavar la confianza pública en el hospital. Informes posteriores señalaron que Leslie es asesor senior y expresidente de Weber Shandwick, una firma de relaciones públicas que representa a varias farmacéuticas, lo que generó cuestionamientos sobre un posible conflicto de interés.

Un portavoz del HHS defendió la iniciativa y afirmó que el VIC «refleja el compromiso de la Administración Trump de restaurar la ciencia de referencia, la transparencia y la rendición de cuentas en nuestras instituciones de salud pública». El mismo portavoz añadió que el trabajo ayudará a garantizar que las personas que experimentan problemas de salud después de la vacunación «sean tomadas en serio y estudiadas con el mismo rigor científico que se aplica a otras condiciones médicas».

El debate científico que queda detrás

El núcleo de la disputa no es si deben estudiarse los eventos adversos, sino cómo hacerlo sin sustituir la evidencia por la narrativa. El Dr. Jay Bhattacharya publicó una declaración sobre el nuevo centro en la que sostuvo que las personas que reportan problemas graves de salud, incluidos los que ocurren después de la vacunación o síntomas prolongados después de infecciones, «merecen ser escuchadas, tomadas en serio y evaluadas con las mejores herramientas que la ciencia puede ofrecer».

El Dr. Paul Offit cuestionó, en cambio, la premisa de que las preocupaciones sobre lesiones vacunales hayan sido desestimadas. Según su análisis, cuando se han planteado dudas, los investigadores han realizado estudios rigurosos para determinar si las vacunas causaban daño. Esos trabajos identificaron, por ejemplo, el síndrome de Guillain-Barré con la vacuna contra la gripe porcina de 1976, la invaginación intestinal con una vacuna contra rotavirus en 2001, la narcolepsia con una vacuna contra la gripe porcina en Europa en 2010, trombos con la vacuna COVID de Johnson & Johnson en 2021 y miocarditis con las vacunas de ARNm de Pfizer y Moderna ese mismo año.

La conclusión de Offit es que la afirmación de que el público ha sido ignorado no está respaldada por los hechos. Para los NIH, el problema va más allá de una ceremonia controvertida: la credibilidad de un hospital de referencia depende de que pacientes y comunidad científica confíen en sus protocolos. El choque entre una iniciativa política de alto perfil y una junta que advierte sobre el daño reputacional podría marcar el tono del debate sobre seguridad vacunal en los próximos meses.

Fuentes y referencias