Los cuervos deciden el doble de rápido que los primates gracias a un cerebro sin neocorteza

Durante tres décadas, el estudio de la toma de decisiones ha dependido de un experimento casi de laboratorio: monos que observan una nube de puntos en movimiento y deben indicar hacia dónde creen que se desplazan. Ese paradigma reveló que las neuronas de la neocorteza de los primates acumulan evidencia visual hasta superar un umbral, momento en el que el animal se compromete con una respuesta. El problema es que las aves carecen de neocorteza, por lo que el mecanismo que usan para decidir era, hasta ahora, una incógnita. Un nuevo trabajo publicado en la revista Science aporta una respuesta sorprendente: dos cuervos carroñeros (Corvus corone) resolvieron la misma tarea en unos 235 milisegundos de media, aproximadamente la mitad del tiempo que necesitan primates y humanos en pruebas comparables.

  • Velocidad récord: los dos cuervos del estudio, llamados Iggy y Lemmy en el laboratorio, acertaron la dirección de los puntos en 235 milisegundos de promedio, el doble de rápido que los primates en tareas equivalentes.
  • Precisión mantenida: la rapidez no comprometió el juicio: la tasa media de acierto rondó el 74% y llegó cerca del 100% cuando el movimiento era evidente.
  • Mismo circuito, distinta arquitectura: la actividad de 248 neuronas del nidopallium caudolaterale permitió predecir la elección del ave apenas 70 milisegundos después de aparecer el estímulo.

Un experimento clásico con protagonistas emplumados

El equipo dirigido por Andreas Nieder, neurobiólogo y profesor de fisiología animal en la Universidad de Tübingen (Alemania), entrenó a dos cuervos carroñeros para trabajar frente a una pantalla táctil. En ella aparecía un enjambre de puntos blancos sobre fondo negro: una parte se desplazaba de forma coordinada hacia la izquierda o la derecha, mientras el resto lo hacía al azar. El ave debía determinar la dirección predominante y picotear el objetivo correspondiente para recibir un gusano de la harina como recompensa.

Variando la proporción de puntos que se movían en conjunto, los investigadores ajustaban la dificultad de la prueba. Con un movimiento claro, los cuervos rozaron la perfección. Incluso cuando solo el 3% de los puntos se desplazaba en la misma dirección, ambos animales acertaron aproximadamente la mitad de las veces, un rendimiento muy superior al azar. La consistencia entre las rondas sugería que no estaban sacrificando criterio a cambio de rapidez.

«La gran pregunta era cómo un cerebro aviar organizado de forma diferente codifica las decisiones», señaló Nieder.

El nidopallium caudolaterale, el «prefrontal» de las aves

Para entender cómo alcanzaban esas conclusiones tan rápido, los investigadores registraron la actividad de 248 neuronas del nidopallium caudolaterale (NCL), una región del cerebro aviar considerada funcionalmente análoga a la corteza prefrontal de humanos y primates. Los datos mostraron que la actividad neuronal permitía anticipar la respuesta del cuervo desde 70 milisegundos después de la aparición del estímulo, es decir, unos 170 milisegundos antes de que el animal picoteara la pantalla.

El hallazgo sugiere que las aves emplean un proceso de acumulación de evidencia sensorial muy parecido al de los mamíferos, pese a que su pallium es nuclear y no laminar. Nieder lo resume así: «La implicación más importante es que un cerebro no necesita una neocorteza de mamífero para realizar cálculos sofisticados». El investigador también apunta a las presiones ecológicas del vuelo: «Volar impone enormes exigencias al procesamiento visual y a la coordinación sensoriomotora. Estas presiones pueden haber favorecido un procesamiento de la información muy veloz».

Expertos ajenos al trabajo reaccionaron con asombro. Marc Schmidt, profesor de biología de la Universidad de Pensilvania, calificó el resultado de muestra del «poder del enfoque comparativo». Michael Colombo, neurocientífico de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda) que estudia palomas, subrayó que lo determinante no es la forma: «No se trata de la arquitectura. Lo que importa es el cableado, y es el mismo cableado». Aaron Blaisdell, de la Universidad de California en Los Ángeles, valoró la coherencia entre ambos ejemplares y se preguntó si la velocidad es un rasgo aviar general o específico de los córvidos.

Hipótesis abiertas y límites del estudio

Los córvidos poseen entre dos y tres veces más neuronas que los primates en un mismo volumen de tejido, y su temperatura corporal más elevada podría acelerar el disparo neuronal, la apertura de canales iónicos y la difusión de neurotransmisores. Son, en palabras del propio Nieder, «hipótesis» dentro de una cuestión todavía abierta: cómo un cerebro tan pequeño puede ser tan rápido. Los propios autores advierten de las limitaciones: solo dos aves, ningún experimento idéntico paralelo con primates y una tarea centrada en decisiones perceptivas, no en deliberaciones económicas o de valor.

Más allá de la anécdota zoológica, el estudio reabre el debate sobre cómo definimos la inteligencia. Frente a la tentación de tomar el cerebro de mamífero como plano de referencia, Nieder propone lo contrario: estudiar especies distintas para descubrir soluciones cognitivas alternativas. La evolución, separada hace más de 300 millones de años, parece haber llegado a un mismo destino computacional por caminos distintos, y en algunos casos con mayor eficiencia. Ese es el verdadero valor del hallazgo: no solo reivindica al «cerebro de pájaro», sino que obliga a la neurociencia a mirar más allá de su propio modelo anatómico.

Fuentes y referencias