Character Technologies, la empresa detrás de Character.AI, solicitó protección bajo el Capítulo 11 el pasado 12 de octubre en Delaware, con activos y pasivos estimados entre 50 y 100 millones de dólares. A primera vista parecía el colapso de una plataforma de chatbots; los expedientes judiciales muestran algo distinto: la quiebra era la pieza central de una operación diseñada con Disney para quedarse con el talento y la tecnología sin arrastrar el lastre judicial de la compañía.
- Una licencia de 20 millones: Disney ya abonó 5,5 millones y un depósito reembolsable de 2 millones; pagaría otros 12,5 millones al cierre si gana la subasta judicial.
- Talento incluido: la compañía contrató a la mayoría de la plantilla, incluido el exconsejero delegado Karandeep Anand, y reservó unos 180 millones de dólares a tres años para pagos y retención.
- Pasivos excluidos: las demandas por seguridad de los chatbots y las investigaciones regulatorias permanecen en la entidad en quiebra, no en Disney.
Dos transacciones, una sola operación
Los documentos describen «dos transacciones interrelacionadas e integradas». La primera se cerró en septiembre: Disney pagó 5,5 millones de dólares más un depósito de buena fe de 2 millones, contrató a la mayoría de los empleados —entre ellos Anand, nombrado primer director de tecnología del grupo— y aceptó que parte de ese personal mantuviera la plataforma operativa durante cinco meses. La segunda llegó con la petición de Capítulo 11.
Según la moción de venta, Disney exigió que la operación se consumara íntegramente dentro del proceso concursal por los «riesgos litigiosos y regulatorios significativos» y la reducción de las reservas de caja de la startup. El coste humano del fichaje también quedó documentado: unas 65 personas con un salario anual estimado de 60 millones de dólares entre sueldo, bonificaciones y acciones, además de un fondo de retención de 30 millones.
Character.AI llevaba buscando comprador desde agosto de 2025. Su banco contactó a unas 28 partes, que elogiaron el producto y la base de usuarios pero descartaron la operación por el riesgo legal. El propio expediente lo resume: «El lastre litigioso y regulatorio sobre Character era demasiado grande».
Qué se lleva Disney exactamente
La propuesta no otorga a Disney la propiedad del servicio. Se trata de una licencia perpetua, mundial y no exclusiva sobre repositorios de código, documentación, marcos de trabajo, sistemas de entrenamiento y postentrenamiento, herramientas de evaluación de modelos, infraestructura de inferencia, gestión de clústeres de GPU, tecnología de generación multimodal y patentes concretas.
El paquete incluye además piezas del stack de confianza y seguridad: clasificadores, adaptadores de seguridad basados en aprendizaje por refuerzo, el sistema de monitorización de largo alcance Guardian, un modelo de predicción de edad, herramientas de moderación y sistemas de red team. Quedan fuera el sitio web, las aplicaciones de consumo, los dominios, las cuentas en redes sociales, los datos de los usuarios —entradas y salidas incluidas—, los datos de entrenamiento, los modelos terminados y la marca.
El calendario ya está fijado: las ofertas rivales se reciben hasta el 20 de noviembre, la subasta se celebraría el 23 y la audiencia de venta el 24. Si Disney no resulta elegida, recuperará el depósito y cobrará una compensación por ruptura; el adjudicatario podría entrevistar hasta al 80 % del personal que Disney ya fichó.
Las demandas se quedan en la empresa residual
La estructura está pensada para que Disney no asuma ninguna obligación de la compañía. Un borrador de orden judicial —la denominada «363 Free and Clear Order»— aclararía que el proceso no constituye una fusión y que Character Technologies sigue siendo responsable de «cualquier pasivo u otra obligación», incluidas las reclamaciones judiciales.
Esas reclamaciones no son menores. Una coalición de 40 fiscales generales estatales ha entrado en el caso para exigir protección de las conversaciones privadas y de las salvaguardas de seguridad para menores, y advierte de que las restricciones voluntarias actuales podrían revertirse con un nuevo propietario. Kentucky alega que los chatbots animaron a usuarios a autolesionarse; Pensilvania sostiene que un bot llamado «Emilie» se presentó como psiquiatra con licencia y proporcionó un número de colegiado falso. El nuevo consejero delegado de Character.AI describió en su declaración el objetivo de alcanzar una «resolución consensuada» con los demandantes por daños personales y con los estados investigadores.
«Hay décadas de derecho corporativo desarrolladas para resolver el problema de un comprador que siempre quiere quedarse con todos los activos y nunca quiere asumir ninguna responsabilidad».
John Newman, profesor de Derecho de la Universidad de Memphis
Disney declinó comentar la operación y Character.AI remitió las preguntas al expediente judicial, sin especular sobre el desenlace del concurso.
El movimiento consolida una variante agresiva del «reverse acquihire» que ya se ha extendido por la industria de la IA: comprar por partes, quedarse con las personas y las licencias, y dejar que la carcasa asuma los pleitos. La diferencia es que aquí el comprador no solo aprovechó el mecanismo, sino que lo condicionó por contrato. Esa combinación —talento, propiedad intelectual y blindaje de pasivos— probablemente se convierta en plantilla para futuras operaciones, y también en un nuevo frente regulatorio: si el concurso se aprueba sin objeciones, el umbral para esquivar el escrutinio antimonopolio y las indemnizaciones por daños quedará mucho más bajo de lo que el sector anticipaba.
Fuentes y referencias
- Disney Asked Character.AI to Go Bankrupt for a Get-Out-of-Lawsuits Card
- Disney’s $20 Million Character.AI Bid Leaves Chatbot Lawsuits With the Bankrupt Startup
- Disney sets aside $180M to hire Character.AI staff, filing shows
- In case you couldn’t tell, the House of Mouse was in on Character.AI’s bankruptcy from the start.