IMSA y el auge del motor de resistencia: reglas estables y software hacia 2030

El automovilismo de resistencia atraviesa un momento dulce que ya no se explica solo por lo que ocurre en la Fórmula 1. El efecto arrastre de fenómenos como Drive to Survive ha elevado el interés general por las carreras y el campeonato WeatherTech Sportscar de IMSA lo está capitalizando en Norteamérica, mientras pruebas como Le Mans consolidan su tirón internacional. Con la vista puesta en la próxima década, el campeonato afronta la definición de los prototipos que competirán en 2030, un horizonte en el que la estabilidad del reglamento y el desarrollo de software se han convertido en ejes estratégicos.

  • Crecimiento de audiencia: la afición de IMSA aumentó más de un tercio en el mercado doméstico y casi una cuarta parte en el ámbito internacional durante el último año.
  • El formato adecuado: las carreras de varias horas y varias clases encajan mejor con la era del streaming y las segundas pantallas que con la emisión lineal tradicional.
  • Coches con gancho: los prototipos híbridos y los GT, versiones de competición de modelos de calle de firmas como Porsche y Ferrari, sostienen buena parte del atractivo visual de la parrilla.
  • Acceso sin barreras: el paddock abierto y los paseos por la parrilla permiten a los aficionados acercarse a los coches justo antes de cada salida.

Un producto pensado para la era del streaming

Hay una razón estructural detrás del auge: las pruebas de resistencia, con varias horas de duración y múltiples clases compitiendo en pista al mismo tiempo, se adaptan mucho mejor al consumo fragmentado actual que la televisión lineal. El espectador puede entrar y salir de la retransmisión, seguir la carrera desde una segunda pantalla o centrarse en la batalla de su categoría favorita sin perder el hilo general del evento. Esa flexibilidad, unida a la posibilidad de seguir varios frentes abiertos simultáneamente, ha convertido al formato en un producto especialmente apto para las plataformas digitales, y los números acompañan esa tesis con un crecimiento de dos dígitos tanto dentro como fuera de Estados Unidos.

Prototipos híbridos, GT de calle y paddock abierto

El apartado técnico también juega a favor. La parrilla combina prototipos con sistemas híbridos y gran cantidad de GT, es decir, versiones de competición de coches que el aficionado puede reconocer en la calle, con marcas como Porsche y Ferrari entre las protagonistas. Esa mezcla entre tecnología puntera y modelos cercanos al público funciona como imán tanto para el seguidor técnico como para el ocasional.

A ello se suma un modelo de acceso difícil de igualar en otras disciplinas. Los circuitos abren el paddock y organizan paseos por la parrilla en los que multitudes se acercan a los coches minutos antes de que arranquen. Ese contacto directo con la maquinaria y con los equipos se ha convertido en una de las señas de identidad del campeonato y en un motor de fidelización de la afición.

La visión de la organización: solo se ha arañado la superficie

El presidente de IMSA, John Doonan, considera que el potencial del campeonato está todavía lejos de agotarse y sitúa la pasión de los asistentes como principal señal de ese margen de crecimiento.

«Creo que apenas estamos arañando la superficie. Además de la gente que está aquí en el terreno, la gente que mira, la gente que interactúa con nosotros en las redes sociales, veo que la pasión sale más a la superficie. Solo en el paseo por la parrilla, estos aficionados vienen y están tan emocionados de estar aquí».

La serie ha acompañado ese impulso con iniciativas de base: acercar a estudiantes de instituto locales a la industria y poner en marcha una colaboración con ASE para formar a más mecánicos. Se trata de medidas orientadas a nutrir de personal técnico un ecosistema que, si mantiene su ritmo de crecimiento, necesitará más manos especializadas en los próximos años.

El horizonte de 2030

Mirando más allá de la temporada en curso, el debate técnico se desplaza hacia los prototipos de la próxima década. La estabilidad del reglamento aparece como prioridad: ciclos normativos largos reducen el coste de entrada, permiten a los equipos amortizar sus desarrollos y evitan que la parrilla se rompa por la vía de la inversión desmedida. En paralelo, el software gana peso como área de competición, desde la gestión de energía de los sistemas híbridos hasta las estrategias de carrera y el análisis de datos en tiempo real.

Esa combinación de reglas estables y evolución por software dibuja un modelo de competición en el que la ventaja competitiva no vendrá únicamente del chasis o del motor, sino de la capacidad de extraer rendimiento del código que gobierna el coche. Para un campeonato que ya ha demostrado saber explotar el formato multiclase y el contacto con el público, el reto de 2030 no es solo tecnológico: es de gobernanza, de mantener a las marcas comprometidas durante un ciclo largo y de conservar la mezcla de espectáculo y accesibilidad que ha impulsado su audiencia. Si esa ecuación funciona, el motor de resistencia tiene ante sí una década para consolidarse como una de las grandes plataformas globales del deporte del motor.