La ONU admite que se superarán los 1,5 °C: su plan para limitar el daño

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha dejado de sostener una ficción. Su nuevo informe anual sobre la brecha de emisiones, presentado este miércoles bajo el título Emissions Gap Report 2026: The Point of Return, reconoce por primera vez que contener el calentamiento global por debajo de los 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales ya no es un escenario viable. La pregunta que el organismo responde ahora no es cómo evitarlo, sino cuánto vamos a rebasarlo y durante cuánto tiempo.

  • El umbral de 1,5 °C queda fuera de alcance: el PNUMA asume que el planeta lo superará de forma inevitable y desplaza su estrategia a limitar la magnitud y la duración de ese exceso.
  • La nueva meta: un escenario de «sobregiro mínimo» que situaría el pico de calentamiento en 1,7-1,8 °C a mediados de siglo y devolvería la temperatura a 1,5 °C o menos en 2100, con una probabilidad de alrededor del 50 %.
  • Recortes sin precedentes: harían falta reducciones del 18 % en 2030, del 45 % en 2035 y del 69 % en 2040 frente a los niveles de 2025, además de retirar unas 320 gigatoneladas de CO₂ de la atmósfera.
  • Estados Unidos, en el punto de mira: es la única gran economía en la que la contaminación climática aumentó de forma drástica el año pasado.

Del «evitarlo» al «gestionarlo»

Según qué línea base se utilice para fijar la temperatura preindustrial y qué reconstrucción de los registros globales se tome como referencia, el mundo está muy cerca de los 1,5 °C o ya los ha rebasado. El actual episodio de El Niño, excepcionalmente intenso, hará casi con total seguridad que se cruce ese umbral. La medición oficial del Acuerdo de París se juzga, eso sí, por la media de 20 años, y los tres últimos ejercicios ya han promediado más de 1,5 °C de calentamiento, con indicios de que el ritmo se acelera.

Por eso el informe cambia de enfoque. «Sí, presenta una verdad difícil. La posibilidad de mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 está ahora perdida», afirmó en el lanzamiento en Londres Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA. «No significa que estemos renunciando a París».

«El sobregiro no es una rendición. Todavía podemos mantenerlo lo más pequeño y lo más breve posible, y devolver las temperaturas por debajo de 1,5 grados a finales de siglo», declaró el secretario general de la ONU, António Guterres.

La aritmética del sobregiro

Las cifras del informe son implacables. Con las políticas actuales, el calentamiento podría llegar a 2,8 °C en este siglo. Si se cumplen todos los compromisos nacionales (NDC), la cifra bajaría a 2,6 °C; y solo en el escenario más optimista, con esos compromisos más los objetivos de cero emisiones netas, se limitaría a 2,1 °C. Son proyecciones peores que las del año pasado, en parte por la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París y por la revisión de las estimaciones históricas de emisiones.

Para transitar la ruta de sobregiro mínimo, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero tendrían que caer un 18 % en 2030, un 45 % en 2035 y un 69 % en 2040 respecto a 2025. La implementación plena de los NDC apenas lograría un 5-8 % en 2030 y un 11-15 % en 2035. El informe exige tasas medias de reducción anual del 5,7 % entre 2025 y 2035, por encima del 5 % que planteaban las trayectorias anteriores del IPCC. Además, cada cinco años de emisiones al ritmo actual empujan el pico de calentamiento unos 0,1 °C, de modo que rebasar sin control el objetivo se vuelve cuestión de tiempo.

A esa ecuación se suma la necesidad de eliminar de la atmósfera y almacenar de forma permanente unas 320 gigatoneladas de CO₂ a lo largo del siglo, el equivalente a unos ocho años de las emisiones globales de 2024. El propio informe admite que no está claro que esas tecnologías puedan escalarse a ese nivel. En el horizonte de 2035, la ruta exige triplicar la capacidad eléctrica renovable, recortar al menos un 75 % la generación con carbón y eliminarla efectivamente en 2040, y reducir el metano al menos un 25 %.

Estados Unidos, el gran atípico

Las emisiones globales se mantuvieron prácticamente estables el año pasado, en torno a 58,4 gigatoneladas de CO₂ equivalente, un nivel similar al de 2024. Estados Unidos fue en la dirección contraria: el informe lo identifica como la única gran economía donde esa contaminación creció de forma acusada, y lo sitúa empatado con Rusia en las mayores emisiones por habitante del G20. El PNUMA atribuye el fenómeno al aumento de la demanda eléctrica —incluido el tirón de los centros de datos— y a políticas que favorecen la quema de combustibles fósiles: plantas de carbón obligadas a operar más tiempo del previsto, marcha atrás en los estándares de eficiencia de vehículos, fin de los incentivos fiscales a la solar y la eólica y la reversión de la conclusión de la agencia ambiental de que los gases de efecto invernadero amenazan la salud humana.

El documento incorpora una declaración del Departamento de Estado según la cual Estados Unidos «no respalda ni comparte su análisis o conclusiones, y no ha aportado comentarios a este informe».

Lo que sí demuestra funcionar

No todo es diagnóstico negativo. Desde la adopción del Acuerdo de París, la capacidad renovable mundial ha crecido tres veces más rápido de lo previsto, y la solar fotovoltaica, siete veces más. El informe revisa más de 220 evaluaciones de políticas climáticas: las aplicadas al sector eléctrico redujeron emisiones una media del 9 %, mientras que los instrumentos económicos, como los sistemas de comercio de emisiones y los impuestos al carbono, lograron recortes de entre el 5 % y el 13 % en los sectores analizados.

El texto llega justo antes de la COP31, que abre el próximo mes en Antalya (Turquía), donde los líderes deberán discutir cómo acelerar la inversión en energía limpia y cómo financiar los costes del cambio climático. La administración estadounidense no participará. Andersen también señaló un problema de fondo: los shocks energéticos derivados de las guerras en Ucrania y Oriente Próximo han llevado a muchos gobiernos a refugiarse en los combustibles fósiles.

El valor del informe está menos en el titular que en la contabilidad: convierte una derrota política en una agenda técnica medible, con porcentajes, plazos y volúmenes de captura de carbono verificables. La incógnita ya no es si el planeta cruzará los 1,5 °C, sino si la infraestructura industrial y diplomática necesaria para volver atrás existirá antes de que el sobregiro deje de ser reversible. Cada décima de grado y cada año extra que se sumen a ese exceso se traducirán en impactos concretos —inundaciones, olas de calor, incendios— y en riesgos crecientes de cruzar puntos de inflexión, desde la muerte regresiva de la Amazonia hasta el deshielo del permafrost ártico.

Fuentes y referencias